28º Informe sobre la página web de la Santa Iglesia Palmariana

Bienvenido nuevamente a la página web de la Santa Iglesia Palmariana. Para que esta página sea de mayor provecho para el alma, estudia cuidadosamente las publicaciones palmarianas para así alcanzar paz y sabiduría. El Espíritu Santo, el Dios de amor, está empujando a las almas a leer lo que publicamos para aprender la Verdad, la Verdad infalible de que la Iglesia Palmariana es la Iglesia verdadera de Cristo. La señal más grande que se puede tener de que esta página web es de Dios es la paz interior que uno siente leyendo sus publicaciones.

Ahora mismo hay bastantes videos hermosos de la Iglesia Palmariana publicados en YouTube. Se pueden dejar comentarios. A los que tienen la costumbre de hacer lindos comentarios sobre nuestros videos, se los agradecemos muchísimo. Que Dios se lo pague a todos ellos. Admitimos todo comentario positivo, pero los que quieren insultar, que no pierdan su tiempo, no se publicará nada que ofenda a Jesús, nuestro Padre y Redentor. Ofender a la Iglesia Verdadera es ofender a Jesús.

Aquí está la lista de los treinta países con el mayor número de visitas a nuestra página web:

1.Argentina11.República Dominicana21.Polonia
2.Brasil12.Alemania22.Francia
3.México13.Congo – Kinshasa23.Costa de Marfil
4.España14.Ecuador24.Italia
5.India15.Nicaragua25.Reino Unido
6.Filipinas16.Chile26.Guatemala
7.Colombia17.Ucrania27.Honduras
8.Perú18.Venezuela28.Rusia
9.Estados Unidos19.Camerún29El Salvador
10.Nigeria20.Kenia30.Paraguay

En estos momentos de apostasía general, pareciera que no hay nada eficaz para conseguir la restauración de la Fe verdadera. La Iglesia de Cristo se ve reducida a un pequeño número de fieles. Imposible pensar que la Iglesia pudiera recuperarse y tener una gran cantidad de fieles otra vez. No está en las manos de la Iglesia, sino en las manos del Creador, en las manos del Todopoderoso. Vendrá el día en que la Madre de Dios enseñará al mundo dónde está la Iglesia de la salvación. De qué sirve ir a iglesias donde ofenden al Creador en vez de glorificarle, donde entran gente vestida escandalosamente. En las Capillas Palmarianas no hay entrada para este tipo de personas. Los palmarianos tienen que vestirse cristianamente, dignamente para presentarse delante de Dios. Claro está, Dios está realmente presente en las Capillas Palmarianas en el Sagrario.

Seguimos adelante con la cruz a cuestas, pero la cruz que lleva la Iglesia es una cruz ligera que no pesa, porque la parte más pesada la lleva la Santísima Virgen María. Ella sostiene nuestra cruz con sus fuertes brazos, y sus hijos, que son todos los miembros de la Iglesia, llevan la parte que pesa menos. Los miembros de la Santa Iglesia Palmariana tienen la dicha de ser portadores de cruces ligeras, cruces que dan alegría al alma. En la Iglesia verdadera, la cruz, o sea el sufrimiento, pierde su dureza, se hace blando por la bendición de Dios. Dios bendice continuamente a su Iglesia por medio de los Sacerdotes. Cada vez que el Sacerdote bendice en la Santa Misa, está bendiciendo a todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Cada fiel se beneficia de cada bendición y, estando en Estado de Gracia, los fieles palmarianos crecen en grados insospechables de gracia y santidad. Los que tienen la dicha de leer este informe tomen muy en serio que estar fuera de la Verdadera Iglesia de Cristo es un horror. Nada menos, porque no pueden tener el Cielo dentro de sus almas. Para eso se necesita estar en Estado de Gracia y solamente puede estar en Estado de Gracia el que haya recibido el Sacramento del Bautismo administrado por un Sacerdote de la Iglesia Palmariana.

Los días pasan. Cada día se lee sobre los muertos del coronavirus o de alguien que se ha muerto en un accidente o de una forma inesperada. No sabes si mañana los vecinos tuyos estarán hablando sobre tu inesperada muerte. Hoy es el día para convertirse. Los que saben que la Iglesia Católica Palmariana es la Verdadera Iglesia, no deben perder más tiempo sino moverse lo más rápido posible para ser un hijo fiel de la Iglesia de Cristo. Y algunos dirán: ¿Qué ganaría yo de eso cuando es mucho más cómodo quedarme como estoy? Mayor comodidad uno puede tener fuera de la Iglesia, pero solamente cuando se trata de la comodidad natural. En la Iglesia se puede alcanzar la comodidad sobrenatural. Esto quiere decir que estando con Dios y la Virgen Santísima, la Divina Providencia nos cuida de forma especial en todo. Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta.

La Iglesia tiene la misión importantísima de enseñar a todos los que están dispuestos a escuchar el camino de amar a Jesús. Jesús es Dios hecho hombre. Vino a la tierra para hacer una obra muy grande, de una importancia incalculable. Vino para cambiar nuestro camino. No existía ninguna manera de ir al Cielo antes de su llegada a la tierra. Existía la sala de espera que era el Limbo de los Justos. Sin embargo, era una sala de espera, un lugar que no tenía una salida para poder participar de la felicidad del Cielo. Entre el Limbo de los justos y el Cielo existía una pared, una pared infranqueable. Había mucha gente allí, incluso el Santísimo José. Abrahán y otros grandes santos y personajes del Antiguo Testamento estaban en esta sala de espera, aguardando que un día viniese el Mesías prometido para derribar la pared, y abrirles una salida de esta sala de espera y una entrada al Cielo.

Para terminar con el Limbo de los Justos, con esa sala de espera que tenía una cantidad inimaginable de almas, era menester una reparación infinita. ¿Pero quién podría hacer esta reparación infinita? El Padre Celestial decretó que el libertador de todas estas almas tenía que ser Cristo, Hijo de Dios. Al Padre Celestial no le valía una víctima cualquiera, ni siquiera valía el sacrificio de una multitud de almas víctimas. No. La víctima tenía que ser su Propio Hijo. El pecado de Adán y Eva era gravísimo. El entendimiento humano no puede llegar a calcular la gravedad del pecado original. Ese pecado que era tan abominable ante Dios trastornó toda la creación. Ahora para reparar ese pecado faltaba una persona pura, una persona santísima cuya santidad repararía ese pecado. Tocaba a Cristo a hacer esta reparación. La reparación necesaria era de tal envergadura que espanta a un ser humano. Dios se hizo hombre y reparó el pecado de Adán y Eva. ¿Quién puede comprender el amor que Dios tiene a sus criaturas? Debiéramos en gratitud a Él, entregarnos a una vida de oración y sacrificio, y así colaborar con Jesús y María en la salvación eterna de las almas.