Las Apariciones de Ezquioga

A partir del 30 de junio de 1931 y durante tres años, la Santísima Virgen María se apareció a varios niños en la ladera de un monte en Ezquioga, llamado también Ezkío, cerca de Zumárraga, Guipúzcoa, España. Los primeros eran Antonia Bereciartu, de once años, y su hermano Andrés de siete; luego se añadieron otros, hasta llegar a haber varias docenas de videntes. La mayoría son gente rural, simpáticos, de buenas costumbres, de carácter humilde y servidor, de trato dócil y sin respetos humanos; en fin, son individuos completamente normales.

Acudió multitud de fieles; así el 4 de julio ya eran más de 500 las personas que se reunieron en la campa con varios sacerdotes para rezar el rosario y en los días siguientes pasaron a más de 40 mil.

Pronto, como es natural, hubo gentes que se alarmaron ante aquellas avalanchas multitudinarias: los irreligiosos y enemigos de lo sobrenatural, porque pretendían oponerse a aquellas manifestaciones de fe religiosa, calificándolas de ridículas, de supercherías y de negocios de gente aprovechada, y los políticos de diversas tendencias, porque no armonizaban con sus intereses; así los nacionalistas vascos y los republicanos del gobierno.

El señor Obispo estaba desterrado en Francia, por desafecto al régimen republicano, y es natural que la concentración de aquellas multitudes atormentara al Gobierno republicano de Madrid y éste empezó a poner obstáculos a tales actuaciones y a desprestigiarlas y desacreditarlas por todos los medios a su alcance, y a hacer responsables a las autoridades eclesiásticas de fomentar aquellas manifestaciones que tenían un aspecto aparente de enfrentamiento contra los republicanos que perseguían la Religión, con la quema de iglesias y casas religiosas, como había acontecido hacía unos meses.

Tuvo que haber contactos entre ambas potestades civil y religiosa y la transigencia se pagaría con algunas concesiones para la diócesis… Algún tiempo después, vino la condenación de las apariciones por parte de las Autoridades de la Curia de Vitoria. Como ordinariamente sucede, se las cubrió de ridículo y anatema, y quedaron sepultadas en el más olímpico ‘olvido’. Los medios de información y comunicación (periódicos, revistas, boletines) se dedicaron a desinformar, como ocurre con frecuencia, hablando de “fraude y superchería” y ocultaron naturalmente lo que no les interesaba.

El jefe del gobierno español, Manuel Azaña, masón de arraigada ideología comunista, creyó que lo de Ezquioga pudiera convertirse en otro Covadonga o en otro Dos de Mayo, o sea, un resurgimiento católico; porque ciertamente, las Apariciones de Ezquioga hablan elocuentemente de las necesidades del alma cristiana, de la existencia de la vida sobrenatural, y de las comunicaciones del Cielo con la tierra, que el régimen imperante niega y burla. ¿Qué se diría, si los republicanos españoles tolerasen que fuesen defendidas las santas Apariciones? Por eso, Azaña creó la frase: ‘Hay que acabar con todo lo de Ezquioga,’ frase que han repetido y llevado a la práctica sus subalternos que quieren beneficiarse del régimen republicano. Por eso, son enemigos de Dios los que a todo trance quieren acabar con las apariciones de su Madre. Ésta es la explicación de la persecución contra semejantes hechos sobrenaturales. Igualmente, las apariciones El Palmar de Troya fueron muy combatidas por la masonería, porque eran una defensa de la santa tradición y desenmascaraban el progresismo demoledor de los enemigos infiltrados en la Iglesia.

Fue Azaña quien, secundando los planes de los enemigos masones de las apariciones de Ezquioga, mandó que se acabasen éstas. Autorizó al desterrado prelado Múgica que reentrara en su diócesis, no sabemos con qué condiciones, pero el hecho es que desde 1933, en que tomó posesión nuevamente de su palacio de Vitoria, el Sr. Múgica no cesó de tomar medidas de rigor y de excepción contra Ezquioga.

Los aprovechados de río revuelto, los enemigos de lo sobrenatural y las implicaciones políticas, hundieron en el descrédito y en el ridículo unos acontecimientos que tenían a favor de su sobrenaturalidad muchos factores. No importó que sufrieran con tales determinaciones varias personas honorables, tratadas injustamente, o inocentes niños, a los que se sometió a coacciones increíbles y vergonzosas que conculcaban los más elementales derechos de la persona. No se nombró Comisiones, no se hizo luz, no actuó la autoridad oficialmente, como ordenaba el Derecho Canónico para descubrir la verdad o la superchería; en una palabra, se pretendió enterrar la verdad; aunque luego tenga que resucitar al cabo de los años.

Al principio de las Apariciones, el Gobierno de Madrid mandó al médico de mayor prestigio en España, el Dr. Gregorio Marañón, para estudiar los hechos de Ezquioga y, observados éstos atentamente, éste dictaminó: “He estado estudiando desapasionadamente lo que aquí ocurre, y puedo afirmar que los médicos nada tenemos que hacer aquí, porque los fenómenos habidos en los videntes no pertenecen a la ciencia patológica. Pertenecen a otros estudios, que a mí no me competen. Que vengan los competentes y vean si los alcanzan.” Otros muchos médicos también expresaron que la “ciencia no hallaba explicación satisfactoria a estos fenómenos, pues los éxtasis eran sobrenaturales y la ciencia no podía explicarlos por estar fuera de la ciencia de la naturaleza.”

Otros testimonios interesantes fueron el del Cardenal Federico Tedeschini, entonces Nuncio Apostólico en España, que en 1932 dijo: “Según los datos que poseo, lo que ocurre en Ezquioga es del Cielo.” Y el mártir San Manuel Irurita Almandoz, obispo de Barcelona, dijo: “Sin pecar de temerario, no se puede negar que hay algo de sobrenatural en lo de Ezquioga;” y añadió que creía en Ezquioga, que trabajaría por ella privadamente, y que si fuera obispo de Vitoria lo haría abiertamente. Un ilustre sacerdote guipuzcoano, decía: “Lo que no se puede dudar es que estamos atravesando momentos de una sublimidad grandiosa, en los que no se sabe qué admirar más, si las predilecciones amorosas de Dios, más cerca que nunca del miserable mortal (en las santas Apariciones de Ezquioga) o la incomprensible ceguedad humana empeñada en cerrar los ojos a tanta luz.”

El número de videntes fue francamente asombroso e inusitado. Unos 25 de ambos sexos fueron considerados con pruebas positivas de autenticidad. Al final de las persecuciones y desvíos, la mayor parte de ellos por falta de dirección espiritual y abuso de las gracias, desfallecieron y solamente quedaron 4 ó 5 auténticos y otros varios dudosos. Entre los principales pueden contarse: A los niños Andrés y Antonia Bereciartu de 9 y 12 años respectivamente, que eran los primeros videntes. Benita Aguirre de Legazpia, de nueve años en sus comienzos, es la que recibió quizá las mayores gracias de revelación del futuro, muy perseguida por las jerarquías hasta amenazarla con excomunión y privación de los Sacramentos, si no se desdecía y negaba las Apariciones. Hermano Cruz Lete de Ibasondo, de veinte años y muerto en olor de santidad en 1933 en los Hermanos de San Juan de Dios. Este Hermano tuvo visiones y revelaciones, y preguntaron de él: “En plena juventud, ¿quién trocó una vida tan distraída, por una existencia consagrada al servicio de Dios?,” para contestar que “fue la Santísima Virgen cuando apareció a esa vida en la montaña de Ezquioga.”

Todos estos videntes experimentaron alguna gracia extraordinaria, visiones, éxtasis, llagas externas, curaciones, etcétera y algunas profecías que ya se cumplieron y otras muchas que están por realizarse. Dos de las más notables de éstas fueron las que tuvieron como protagonista al Vicario General Dr. Echeguren, que fue uno de los máximos impugnadores y por lo tanto responsables del fracaso de esas primeras manifestaciones no atendidas ni hechas fructificar espiritualmente. Pues bien, dos de las videntes anunciaron su muerte violenta y sin tardar mucho, y se lo comunicaron. En efecto murió de accidente de automóvil, siendo obispo de Oviedo. Al Sr. Obispo de Vitoria se le profetizó “que moriría desterrado de su sede episcopal y completamente solo.” Este obispo Mateo Múgica fue obligado a renunciar al obispado de su diócesis y murió ciego. Fue él quien publicó el ataque más difundido a Ezquioga y decidió, sin formal estudio, sin pruebas suficientes y sin oír a los videntes, atribuirlo todo al demonio o a otra causa no sobrenatural. La persecución a Ezquioga comenzó por el elemento político, siguió por el gubernativo, continuó por el religioso y acabó por todos ellos juntos. El Obispo Mateo Múgica fue uno de los dos obispos que se opusieron a San Francisco Franco cuando la Guerra Civil Española fue titulada por los demás obispos españoles: “Santa Cruzada de liberación nacional,” y él escribió al Papa San Pío XI incitándole a condenar al franquismo.

El Papa San Gregorio XVII, como podéis leer en su Cuadragésimo Cuarto Documento, aprobó las Apariciones de Ezquioga, y especialmente los bellos mensajes que hablan de los Santos Crucíferos, del Gran Pontífice y del Gran Monarca, “por su íntima relación a los Carmelitas de la Santa Faz, o Santos Crucíferos de El Palmar. Nos, creemos firmemente que las benditas Apariciones de Ezquioga son la antesala de las benditas Apariciones de Nuestra Madre del Palmar Coronada… La Santísima Virgen María, en estas apariciones de Ezquioga, se apareció, generalmente, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores; aunque, en algunas ocasiones, se apareció, también, bajo otras advocaciones.”

Solamente podemos presentar unos extractos representativos de los hechos de Ezquioga. Nos fijamos exclusivamente en una de las videntes; la niña Benita Aguirre, entonces de once años. Sus mensajes hablan de tres años de hambre, surgimiento del reino del Anticristo, persecuciones a cristianos, guerra mundial, peste, huracanes, tres días de oscuridad. Los videntes de Ezquioga se hicieron famosos por afirmar que la Virgen les comunicó que en unos años ocurriría una guerra civil en España (1936-1939) y que dicha guerra, la ganaría el bando nacional. Pero sus mensajes proféticos van más allá.

En los mensajes de Benita Aguirre se habla del final de los tiempos, de una revolución sangrienta en Europa que se inicia en Italia y se extiende a otros países como España, de la caída de ese breve gobierno tiránico en España, de la irrupción de un personaje siniestro del que muchos profetas hablan y al que todos identifican como el Anticristo, de la persecución de los cristianos que se ven obligados a huir a los desiertos para salvaguardar su fe, padeciendo un auténtico martirio, de la aparición de otro personaje que muchos identifican como “el gran Monarca” y de una nueva y única orden religiosa y de la aparición de una orden denominada “Los Crucíferos”, que destruirá la secta mahometana (el islam) y acabará con otras sectas, herejes y tiranos.

Mensajes de la vidente de Ezquioga Benita Aguirre: “Luego que hayan pasado los castigos, habrá una sola orden religiosa, llamada de los Crucíferos… Sabed que un Rey, (el Gran Monarca), reinará con justicia, y sus magistrados reinarán con rectitud.” Es destacable, que Benita Aguirre haya recibido mensajes muy parecidos a los de otros videntes católicos. Es una evidencia que debería hacer reflexionar a más de uno. La Santísima Virgen, en 1932, le dijo: “Haced mucha oración, penitencia y sacrificios. Si esto no hacéis vendrán castigos terribles y morirá una tercera parte de la Humanidad. Entonces pocas familias quedarán enteras. Todos tendrán que llevar luto. Está cerca el fin del mundo. Cuando las mujeres no se distingan de los hombres por su manera de vestir, entonces pensad que tenéis encima el fin del mundo. Los años pasan volando y pocos se acuerdan de la muerte.”

Declaraciones de Benita Aguirre:

“Me dijo que pronto entrarán los comunistas en España; que estos han empezado a cometer maldades, siendo muchos los que, ciegos, no se dan cuenta de que, por encima del comunismo, vendrá el castigo; y que del Sagrado Corazón de Jesús brota, día y noche, un manantial de gracias, que se derraman sobre los que somos de Él, pero que procuremos corresponderlas, que Él nos lo recompensará.”

“Afirmó que pronto se cerrarán las iglesias, siendo las primeras en ser cerradas las de Cataluña, la cual será el sitio donde se cometan más barbaridades contra la Religión; aunque en ella posea tres tesoros en tres almas, que la quieren mucho, y que son tres que se han ofrecido a Jesús por víctimas; y que a causa de estas tres almas, Cataluña será menos castigada de lo que merece. Terminó diciéndome que construyamos en nuestro corazón las armas con las que tendremos que defender la Religión.” En esto se ve cómo las oraciones de tres almas que aman mucho a Dios, pueden librar a todo el pueblo de ser castigado.

“Me dijo que los que somos de Jesús roguemos para que se salven muchos de los que se hallan en condiciones de condenarse, y que nuestras súplicas, especialmente ahora, serán atendidas; y que para cuando venga el hambre, casi todos los católicos (de verdad) se hallarán fuera de España, puesto que Jesús nos quiere salvar de la mayor parte de los castigos, por mediación de los ruegos que se han practicado en el Monte de las Apariciones los cuales han sido oídos.”

“Después apareció el Niño Jesús, y me dijo que trajera papel y lápiz y escribiera el mensaje siguiente: ‘Vuestro Jesús os llama. Corred hacia Él. Quiero deciros a todos, hijos míos, que corréis tiempos muy malos, y habéis de sacar la cuenta de lo que me tenéis que presentar. ¿Decís que sois míos, y en vuestros corazones reina el demonio?… No, hijos queridos; no puedo consentir eso… Pronto esos cines y teatros que frecuentáis diariamente, serán enterrados… Y vosotros, apóstoles míos, en vez de dar ejemplo, ¿lo quitáis? No puede ser así, hijos queridos. ¿Acaso os enseñé así, o es que queréis obrar de distinto modo al que os enseñé? Muchos de vosotros estáis ciegos y queréis dormiros en los placeres del mundo…; muchos no sois verdaderos apóstoles míos, y ninguno de los que estéis dormidos en los placeres del mundo sois del agrado de mi Padre celestial. Yo, algún día, os pediré cuenta de todo esto.’”

“Luego la Santísima Virgen añadió el que sigue: ‘Vuestra Madre, que mucho os quiere, os llama, hijos del alma. Quiero deciros a todos que, como ovejas obedientes, oigáis el silbido del Buen Pastor; pero no os separéis de Él, pues Él, si os extraviáis, no vendrá a buscaros. Si vosotros vais a encontrarle, Él os acogerá amoroso.’”

Extractos de los mensajes de Benita Aguirre de julio y agosto de 1933:

“Afirmó que… cuando los católicos tengamos que huir de España en busca del desierto, conoceremos a un gran hombre, que luego que hayan pasado los castigos, y antes que los demás, volverá a España; y aquí empezará a trabajar con los pocos que habrán quedado convirtiendo a muchos.”

“Añadió que la gente se va dando cuenta que estamos en malos tiempos, y que no obstante sigue siendo lo mismo con sus malvadas costumbres. Que esto no se arreglará hasta que Jesús ponga en el trono a un gran hombre, el rey-general de todo el mundo, y entonces será cuando Él reinará en el mundo. Que este rey tendrá otro que le ayude, quien irá por el mundo convirtiendo a la gente, y que a los que no quieran someterse a la Iglesia Católica les mandará muchos castigos, quitando a muchos la vida.”

“Repitió que, después del reinado de Jesús en España, vendrá una persecución muy grande; y después de esta persecución el fin del mundo. Pero que no morirán todos, sino que Dios, luego del Juicio, dejará en el mundo a muchos justos para que le glorifiquen, viviendo en la tierra mil años, durante los cuales reinará la paz.”

“Añadió que, después del reinado del Corazón de Jesús, vendrá el Anticristo, quién turbará la paz, y con él cobrarán fuerza los malos; a éstos no dará luz, pero sí a los buenos, para conocer al Anticristo; y que los que entonces quieran servir a Dios tendrán que separarse de sus familias, amigos y conocidos, y huir a los desiertos.”

“Afirmó que Dios está preparando al Gran Monarca, el cual tendrá que reinar con humillaciones y sacrificios; que el Gran Monarca fue malo en su juventud, pero ahora, hace mucho bien y dominará al mundo entero, el cual se verá obligado a obedecer y a adorar al Dios verdadero.”

“Afirmó que el Gran Monarca tendrá otro compañero muy bueno, que le ayudará a difundir la Religión… que cuando estemos en el desierto, conoceremos al gran Monarca… y que mientras él esté en el trono, reinará Jesús.”

“Me enseñó que sólo mientras reine Jesús tendremos paz los buenos, no obstante que los malvados tendrán que sufrir mucho; que después de este Reinado, tomarán fuerza otra vez los malos; y entonces será cuando el Anticristo vendrá a turbar la paz de los buenos; que tendremos que huir a los desiertos los que queramos servir a Dios, pues que los hombres no se entenderán; y que después de esta persecución vendrá muy pronto el Juicio.”

“Me repitió que ha habido muchas desgracias, pues adelantan los tiempos en el mal. Que pronto se verán confundidos los que no aman de veras a Jesús, ya que vendrá muy pronto una persecución muy grande contra los católicos, y los que no le aman de veras, le negarán por librarse de los castigos que impondrán a los que no le nieguen; que muchos de los que son tenidos por varones espirituales, cuando llegue la hora de dar la vida por Cristo, le negarán, pues el demonio trabaja mucho con ellos; y que a causa de los castigos que Dios nos mandará, muchos se revolverán contra Él.”

“De nuevo me dijo que los malos se están preparando para la guerra, pero que Dios ayudará a los buenos; que muchos de estos tendrán que dar su vida por Él, quien les recompensará; que tal guerra será mundial y no podrán hacer lo que quieran, ya que Dios está por encima de todos.”

“Me dijo que las olas de ternura infinita están encerradas en Jesús y quiere derramarlas; mas que encuentra pocos corazones que quieran recibirlas, por estar encogidos por el egoísmo, cerrados por el orgullo, replegados sobre sí mismos y faltos de fe en su amor; y por eso, descargará Jesús su justicia sobre los hombres, pues hay muy pocos corazones que le aman de veras.”

“Añadió que Jesús se cansa de esperar; que nuestro amor a Jesús ha de ser de reconocimiento, unión, conformidad, intimidad y preferencia, no cansándonos de amarle cada vez más, pues que Él nos ama muy de veras. Este amor nos transformará en su bondad y nos hará vivir de su vida, irradiando misericordiosa caridad; que Jesús no pone su gracia donde le place, sino donde ve que le aman de veras; y que nos recojamos en su divina presencia, mirándole a Él y suplicándole humildemente.”

Habló de los Crucíferos, el Gran Monarca, el Anticristo, y dio consejos:

El día 6 de agosto de 1933, “Afirmó que, luego que hayan pasado los castigos, habrá una sola religión (Orden) llamada de los Crucíferos, que salvará al mundo entero, predicando la verdadera Fe y conquistando a ella a las almas. El jefe de los dichos Crucíferos será un hombre muy santo, quien después de su apostolado, morirá crucificado en las puertas de Belén. En los últimos tiempos todo el mundo hablará un mismo idioma.”

“Me encareció seamos humildes. Nada perderemos por practicar actos de humildad y obediencia; por el contrario lo ganaremos todo, ya que ganaremos su Corazón, y así aceleraremos su hora. ‘Se admiran algunos de que Yo escoja siempre a los más pobres, los más desprovistos de medios humanos para levantar mi Obra; pero esto es normal, a fin de que no se engañe nadie, cargando a su propia cuenta la que es un don divino.’”

“Se me apareció el Niño Jesús y me dijo: ‘Quisiera levantar una gran cruzada cristiana, bien comprendida y bien vivida. Quiero haceros vivir de mi Evangelio y atraeros a mi amor. Si no hacéis más es porque no me amáis bastante ni os transformáis en mi bondad; pero si no me amáis cuanto debéis y podéis, es porque no me conocéis de verdad. Querer comprenderme es muy sencillo: Nada hago de nuevo más que repetir lo que ya sabéis, lo que debéis hacer, lo que en mi Evangelio os he declarado, lo que os enseña mi Iglesia. No quiero otra cosa sino haceros verdaderos hijos de mi Padre celestial.’ Añadió: ‘Yo soy el infinitamente bueno, sabio y omnipotente. Os amo, siendo vuestro Salvador, vuestro Señor, vuestro Dios. Para mi gloria os he creado, y desde toda la eternidad os he amado con una caridad incomparable, y por eso os he atraído con misericordia. Nunca tendréis exceso de confianza en vuestro Dios tan bueno y misericordioso, porque la verdadera confianza está fundada en la verdad, y esta verdad eterna es que soy infinitamente bueno. Si vivís de mi Evangelio mis enseñanzas darán fruto en vosotros, y comprenderéis que si habéis sido favorecidos más que otros muchos, habiendo sido atraídos por mi amor, debéis esforzaros más también por darme y suplir por los que no reconocen el don de Dios.’”

“Nuestra Señora dijo, que ‘ahora empiezan las señales de los castigos’ y que ‘ya casi estamos en ellos.’ Luego añadió Jesús: ‘Lo que más me lastima el Corazón es que los niños se aparten de Mí, y quiero que me conduzcáis a los pequeños, pues me agrada mucho la inocencia, principalmente los enfermos. Estos son los que tienen más necesidad de conocerme en mi Bondad. Yo quiero ayudarles, consolarles como lo hice en mi vida en la tierra. Lo propio de mi Corazón es hacer bien, consolar al que sufre, endulzar sus hieles amargas y mostrarme generoso con los que me aman mediante el sufrimiento. No hay consuelo comparable al que sostiene el alma y reanima a sufrir cristianamente con fe y amor. Ayudadme vosotros a llegar a estos que tanto amo; dejadles como fruto de mi paso palabras que les darán valor en los sufrimientos.’”

“Me dijo Nuestro Señor: ‘Haced mucha oración. Las oraciones de mi Iglesia son bellas y profundas; pero muchas veces no las hacéis más que de una manera superficial. Mediante mi Iglesia y sus oraciones, os predico e ilumino. Yo he preparado el pan de los hijos, lo que no impide que cada uno asimile lo que convenga según su necesidad. Tengo el Corazón grande y bueno. Quiero hablaros a vuestras almas y haceros comprender cuán dulce y bueno soy en mi misericordia. Si eres pecador, te espera, te perdona, se ofrece por ti, y dice al Padre Celestial: Perdónale porque no te conocía, porque ignoraba cuán bueno eres. Y vosotros, amadísimos míos, hijos de mi ternura: Mirad cómo la caridad me tiene preso en el altar. Allí me ofrezco por vosotros. Por vosotros renuevo la ofrenda del Calvario, con todo el amor del Padre… Abrid vuestros senos a estas olas de ternura infinita, en que quiero sumergir a vuestras almas. Sed buenos, sed santos, como Yo soy bueno y santo.’”

“Me dijo Jesús: ‘Mi amor hacia mis pequeñas criaturas es un amor lleno de ternura. ¿No veis que me inclino con preferencia hacia los más pequeñitos? Así lo ha cantado María, amor tierno y fuerte, y tanto más tierno cuanto más fuerte. Tal es el amor que Yo quiero comunicaros. Cuanto más fuerte sea vuestro amor hacia Mí y las almas, tanto más tierno será y verdadero, sin temor a flaqueza… El amor es fuerte como la muerte, y su misma ternura es la que induce a todos los heroísmos y sacrificios.’”

“Me dijo Jesús: ‘Abierta el alma para recibir estas olas de ternura, que son luz de mi bondad, de mi caridad misericordiosa, ¿no os conmovéis viéndoos objeto de tal amor, teatro de tantos beneficios, a pesar de vuestra miseria? Este contacto con mi ternura infinita, que tampoco merecéis, que tal vez acabáis de serme infieles, es lo que producirá en vosotros la perfecta contrición. Este dolor purifica vuestra alma y os purificará para ser más vigilantes, para orar con mayor instancia y confiaros a María, a fin de que os ayude para no volver a caer. El que recibe en su alma las olas de mi amor, de mi ternura infinita, ¿podrá dejar de hacer todo cuanto de él dependa para no disgustarme, para no rehusarme nada? ¿No se sentirá también desbordado de ternura para con su prójimo? Entonces no volverá a amar a su prójimo por inclinación natural, sino por el movimiento del Espíritu Santo, amor esencial que le es comunicado, amor lleno de ternura del cual esta alma se siente amada.’”

“Insistió la Divina Madre en que quiere ‘oración, mucha oración, pues que la oración ha de salvar al mundo.’ Jesús continuó: ‘Yo quiero daros el secreto de amarme, que no es otro que aplicaros a conocerme en mi bondad, practicando muchos actos de fe en esta bondad, en mi amor, en mi misericordia para con los humildes, los caritativos, los obedientes, los pequeños. Orad, suplicad y entregaos por María a mi misericordioso amor. Franqueadas vuestras almas, dadme corazones vacíos por la humildad, dilatados por la caridad, preparados por la obediencia; porque no me agradan los frutos de la voluntad propia, que no son mis frutos, los de mi Voluntad.’”

“Comenzó la Virgen diciéndome: ‘Todos continúan dormidos y Jesús se cansa de esperar;’ quien continuó: ‘No seáis egoístas; pensad en estas pobres almas que no me conocen, y a las que se me presenta como un Señor rígido y severo; que no me aman, que no me sirven, sino con violencia, y aún así no lo hacen; huyen y temen darse a Mí. Mirad a vuestra Madre. En el Cielo no está inactiva; vela por vosotros sin cesar, ejerciendo el oficio de Mediadora por los pobres pecadores. Ella quisiera que vosotros la ayudarais. Haced pasar por María vuestros sacrificios y actos de obediencia. Por María consagraos a Mí, cada vez más en calidad de pequeños siervos de Cristo-Rey. Orad mucho; rogad por intercesión de María para que el Dueño de la mies envíe obreros. Orad para que todas las ovejas errantes encuentren el redil de la Iglesia.’”

“La Madre me manifestó: ‘Muy pronto vendrán los castigos; decidlo al público para que se prepare, aunque a la mayor parte no les haga provecho.’ Jesús continuó: ‘Vosotros, hijos míos, los que creéis en las Apariciones de vuestra Madre, habéis de dar ejemplo, habéis de sobresalir en obediencia y humildad, pues sobre vosotros tengo designios muy grandes. Los malos pretenden arrojarme de todas partes y pasarse sin Mí; vosotros, los míos, ponedme siempre el primero. También quieren una falsa libertad y dominar a los demás para ponerlos en mayor esclavitud; pero vosotros, los míos, manteneos súbditos de vuestro Cristo y seréis libres de la esclavitud de vicios y pasiones, y os aseguro que tendréis el valor de vuestras opiniones. Quiero daros cruz, pues sin cruz no os quiero; y vosotros demostrad con vuestra conducta que mi yugo es suave y mi carga ligera. Servidme con pasión, alegría, santidad y amor.’”

“Jesús me dijo: ‘Quiero que seáis pequeñas siervas de Cristo-Rey. Profunda y llena es la significación de ‘pequeños siervos.’ Comprende la abnegación de sí mismo para no hacer más que mi divina Voluntad. Dichoso aquél que oye la palabra de Dios y la pone en práctica. Os prometo que derramaré mi bendición allí donde la imagen de mi Corazón esté expuesta y honrada. Cuánto más os acerquéis al estado de inocencia por la pureza de vuestra vida y unión mía, tanto más participaréis de la verdadera vida que es todo caridad.’”

“Nuestra Señora me declaró: ‘Han empezado castigos por el extranjero y también por España, aunque nadie se da cuenta. Preparaos, pues pronto vendrá el hambre.’ Jesús continuó: ‘Quiero muchos corazones vacíos por la humildad y ensanchados por la caridad. Quiero corazones que palpiten sólo para Mí, que lleven mi cruz. Y estos corazones, ¿sabes para qué los quiero? Por más que digas no acertarás. Los quiero para guardar en ellos mis tesoros; quiero depositar en ellos mis alhajas. ¿Y sabes qué son esas alhajas? Pues son todas esas gracias que Yo quiero derramar sobre la tierra, y encuentro pocos corazones que Me acepten y me sirvo de éstos para depositarlos.’”

En estas siguientes visiones, hasta que se avise, le habla primero la Virgen conceptos particulares, para continuar Jesús y dar, al fin, la bendición. Dice así: “La Italia, regada con la sangre de tantos mártires, es la esclava de una demagogia diabólica, que ha llegado a constituirse en consejera del poder; y la pobre España, que palmo a palmo ha sido conquistada por la Cruz, se ha convertido en pueblo de subyugados, que corre al precipicio y lucha por romper sus tradiciones, su historia y su propia manera de ser. ¡Oh, santos Crucíferos!, vosotros destruiréis la maldita secta mahometana; vosotros pondréis fin a toda suerte de herejes y sectas del mundo, y seréis el acabamiento de todos los tiranos; vosotros pondréis silencio con perpetua paz por todo el universo mundo; vosotros haréis santos a todos los hombres por fuerza o voluntad. ¡Oh, gente santa, oh gente bendita de la Santísima Trinidad! Será el jefe fundador gran capitán de gente santa, llamada los Santos Crucíferos de Jesucristo. Obtendrán el dominio de todo el mundo, tanto temporal como espiritual. Estos siervos de Dios limpiarán el mundo con la muerte de un número infinito de rebeldes. El Jefe y Fundador de esta milicia será el gran Reformador de la Iglesia de Dios.”

La Santísima Virgen añadió: “La perversidad del mundo es tan grande que Yo no puedo detener el brazo de mi Hijo ultrajado, sobre todo por la blasfemia, la profanación de los días santos, la impureza, el abandono o negligencia de la oración y el olvido de Dios. Por tantos crímenes, y para ayudarme a contener el brazo de mi Hijo, os tocará sufrir bastante a los míos.” Después Jesús continuó: “¡Oh, ingratísimos!, me ofendéis sin cesar y Yo obtengo de mi Padre el perdón, pero ha llegado ya el tiempo de no concederos misericordia. Doy a todos misericordiosamente luz suficiente para que conozcan la gran eternidad, pero les arredra la penitencia. ¡Ay, ay! … de los que no hagan penitencia.”

“Jesús me dijo: ‘Serán señales precursoras de la guerra, la tibieza religiosa y la corrupción de costumbres, el vicio tenido por virtud y la virtud por vicio, los creyentes tenidos por locos y los incrédulos por iluminados. No se han acabado los disturbios de la Iglesia; sucederá uno muy grande, aunque no muy duradero, después de lo cual se sentarán las cosas. Vendrá un tiempo en que la fe en Mí declinará de tal modo que pocos la conservarán. Tan grande será la persecución de los malos contra los justos que éstos tendrán que padecer un verdadero martirio. Las cosas llegarán al colmo, pero cuando la mano del hombre no pueda más y todo parezca perdido, Yo pondré mi mano y arreglaré las cosas.’”

“Sabed que un Rey, (el Gran Monarca), reinará con justicia, y sus magistrados reinarán con rectitud. Y este varón será como un lugar de refugio para guardarse del viento y guarecerse de las tempestades. Y será como arroyo de frescas aguas en tiempo de la sequía, y como la sombra de una alta peña en medio de un páramo.”

“Los hombres se han negado a recibir a un Dios bueno y misericordioso, y verán cómo descargará sobre ellos la cólera de un Dios justamente irritado; verán que no se insulta a Dios en vano y reconocerán, aunque tarde, que soy Omnipotente. Antes que llegue la paz a España, el afán de riquezas llevará a los hombres a negar la fe, y muchos ministros de la Iglesia, llevados de la voluptuosidad carnal y de la belleza y lascivia de las mujeres, abandonarán el celibato, y por donde quiera irá el demonio libre entre ellos.”

“Los Crucíferos, fidelísimos escogidos del Altísimo, no pudiendo vencer con la escritura a los herejes, se moverán impetuosamente contra ellos con las armas. Ya se acerca la hora en que Yo visitaré al mundo con la nueva Religión de los Crucíferos, con el Crucifijo levantado en el más alto estandarte y de mayor lugar. Estandarte admirable a los ojos de todos los justos, el cual al principio, escarnecerán los incrédulos, malos cristianos y paganos; mas, después que vean las maravillosas victorias contra los tiranos, herejes e infieles, sus burlas se convertirán en lágrimas. ¡Oh, santos Crucíferos, escogidos del Altísimo, cuán gratos sois a Dios! Reformará el Fundador la Iglesia de Dios, con sus seguidores, los cuales serán los mejores hombres del mundo en santidad, en armas, en letras y en todas las otras virtudes, que tal es la voluntad del Altísimo.”

“Me habló la Santísima Virgen: ‘Es tan pesado el brazo de mi Hijo que, sola, no puedo sostenerlo más. Quiero que todas las obras buenas que hagáis, las ofrezcáis para poder sostenerle el brazo a mi Hijo ultrajado.’ Después Jesús continuó: ‘Ah, España, España, ciega nación, escucha la voz del Señor que te destina para ejecutar en ti sus grandes justicias; ¿no ves en el fondo de esa tenebrosa atmósfera que rodea un iris de paz, una aurora de alegría? Quita tu voluntaria ceguera; mira que vendrá, un día no lejano, Aquél que te juzgará. Ay de ti, gobernador inicuo… Preparaos, preparaos, vienen tiempos aterradores. ¡Oh qué ingratos son los hombres!, ¡cuán poco me corresponden!… Pronto te llevarán las rojizas olas con bramidos aterradores a la ola impía que reposa en España, y mis apóstoles ingratísimos están sentados sobre ella…’”

“Dijo Jesús: ‘La tierra está cubierta de crímenes, y la infracción de los tres primeros mandamientos de mi Ley ha irritado a mi Padre, y mi Santísimo Nombre blasfemado, y el domingo profanado, han colmado la medida de las iniquidades. Estos pecados han subido hasta el Trono de mi Padre, provocando su cólera, que se derramará, si no se aplaca su justicia. En ningún tiempo han subido tan alto los crímenes…’”

“Los primeros que pertenezcan a la orden de los Crucíferos serán de la ciudad de Sevilla, en la cual abunda mucho la iniquidad, los vicios y los pecados. Se trocarán los de esta ciudad de mal en bien, de rebeldes a Dios, en siervos suyos fidelísimos y fervorosísimos. Será tal ciudad amada de Mi Sagrado Corazón y del Gran Monarca. ¡Escuchad, oh pueblos que habitáis la España… tiempo vendrá en que gozaréis de la verdadera y antigua libertad; pues destruida será la libertad falsa de que se están sirviendo estos impíos! El gobierno tiránico será aniquilado, a pesar de sus terribles esfuerzos, y la verdadera religión florecerá en toda España.”

“He bajado a Ezquioga porque hay pocos buenos. Vengo a convertir a los malos, a conservar a los buenos y a avisar que vienen muchos castigos para que todos se preparen y estén Alerta; mas poco de esto consigo.”

“Comenzó Nuestra Señora por mandarme que roguemos por los pecadores; que tengamos mucha devoción a las almas del purgatorio y que oremos mucho a Jesús Sacramentado”

“Durante el castigo habrá cinco días de comunismo y en tres días caerá fuego y no amanecerá. Que durante estos tres días nadie salga de casa, pues los hombres confundidos empezarán a matarse unos a otros.”

“Habrá terremotos, empezando en el extranjero y después en España… El fuego destruirá las cosechas… En el primer año habrá hambre y muchos se condenarán. En el cuarto año empezará a haber cosechas, después irá mejorando. Los niños más pequeños morirán en brazos de sus madres. Los malos que hagan un acto de arrepentimiento al morir, no les servirá de nada porque no será de contrición sino por miedo al castigo. Llegará un día en que dando un paso, encontraremos un muerto y dando otro, otro muerto, de tal manera que abrirán caminos con los cadáveres, como se abren cuando hay nieve. París será carbonizado, Marsella tragada por el mar, Cataluña tiene sobre sí mucha carga; Madrid, Barcelona, San Sebastián y Málaga son las que tienen más carga… habrá una enfermedad contagiosa de la que morirá mucha gente… durante el castigo los hombres serán muy malos y se olvidarán de Dios. Después reinará Cristo. Habrá tres grandes castigos y además tres grandes milagros. Dichoso el que muera en el primer castigo.”

“Me dijo Nuestra Señora que tenemos encima el castigo, pues Jesús no puede esperar más; que roguemos mucho por los pecadores, cuyos ojos están cerrados; que San Sebastián será tragado por el mar; que hagamos mucha oración y penitencia, que seamos valientes, ya que los de Ella seremos muy perseguidos.”

“Pronto la tierra será cruelmente azotada. Este azote se hará sentir por todo el mundo y será tan terrible que cada uno de los que sobrevivieren se imaginará ser el único que habrá sido libre del castigo. Este castigo será muy corto, pero terrible.

Esta república impía que reposa en España, cuya aparición ha sido señal de castigos venideros, pronto será totalmente arruinada; mas, aún vendrán tiempos peores. Los comunistas se apoderarán de España y sacarán fuera de ella a los buenos y mientras los buenos estéis fuera, castigaré cruelmente a toda España sin temer a nada. Los buenos tendréis que huir a los desiertos, mas os declaro que no sufriréis hambre, pues, Yo os alimentaré. Después en los desiertos donde estéis se harán casas y se poblarán. Allí en el desierto conoceréis al que después tiene que reinar (o sea al Gran Monarca). Después que paséis tres años y medio en el desierto, podéis venir otra vez a España, pues habrán pasado para entonces los castigos. Y es en este tiempo en el que vendrá el Reinado del Sagrado Corazón de Jesús, pero este reinado será interior.

Después que Yo reine interiormente vendrá el Anticristo. En este tiempo habrá también unos castigos terribles y habrá una persecución grande contra los buenos y éstos la mayor parte serán martirizados. Habrá muchos más mártires de los que ha habido y el cielo se llenará de palmas.

Después vendrá el Día del Juicio y vivirán otros mil años los justos… En este tiempo no se podrá pecar, de modo que será como una especie de Paraíso en la tierra.”

“Hija, quiero que desengañéis a la gente diciéndole: que Yo no he bajado a Ezquioga para hacer milagros, sino para avisarles que vienen castigos a fin de que se preparen, pues que el Padre Celestial justamente irritado, pronto descargará su cólera divina sobre los hombres ¡Oh qué día más terrible será el de los castigos! ¡Hija, he bajado porque los quiero y nadie me hace caso, pero los míos no temáis que Yo os ayudaré, aunque tendréis que sufrir mucho! Mis perlas preciosas que son los Crucíferos llevan cruces sobre sus pechos. En esas cruces estoy Yo. ¡Esta Religión será la única que después habrá en el mundo! ¡Cuánto me gusta que estés entre ellos! Pero los ojos que están cerrados no verán nunca. No han visto nada. ¿Qué haré para mis hijos? ¡No se puede hacer más!

Para que abran los ojos es menester herir. Mi hijo espera aún, pero el Padre tiene lleno el cáliz hasta el borde. Pronto está dispuesto a herir. Rayos caerán a la tierra y ciudades enteras han de desaparecer. Y después que esto ocurra, ¿creéis que han de creer? Entonces pensarán que es cosa de la tierra. ¡Oh España, tú que has sido siempre cuna del Corazón que te ama! ¿Por qué te dejas vencer?…

Mucha guerra, mucha guerra. Los Pirineos no han conocido otra igual. La catástrofe ha prometido empezar por el extranjero, para avisar a los españoles. En esta época los curas serán los peores. El Gobierno les ha dicho que les quitará las iglesias y esto será lo que les sublevará, siendo esto un castigo por no saber cumplir con su ministerio. Que hay muchos que están deseando vestir de paisano, porque, antes de cumplir con la obligación que tienen, se ocupan de política, círculos y reuniones.”

Ocurrió en Ezquioga lo que ocurrió en La Salette, siendo la aparición el 19 de septiembre de 1846. El obispo de Grenoble impuso penas canónicas al que predicase o publicase el suceso misterioso; penas que tuvo que levantar cinco años más tarde, después que el Papa San Pío IX examinó el secreto de Maximino y Melania, les envió su bendición y declaró que el libro que trataba de la Aparición de La Salette respiraba verdad. Ocurrió en Ezquioga lo que ocurrió en Lourdes; la oposición cruel y sostenida a estas apariciones fue tan grande como la misma fe y devoción que, a raíz del hecho, se había despertado en Francia. La autoridad eclesiástica había permanecido indiferente hasta los seis meses del hecho en que creyó deber poner manos al asunto. Bernadette fue tenida al principio por alucinada para venir a ser beatificada más tarde; y largos años pasaron hasta que el hecho fue consagrado.

Hubo quienes decían: “Todavía no es hora” de hacer valer la verdad y de hacer sentir la virtud y de ejercitar la justicia y de manifestar la gloria de Dios y de su Madre, y de atraer sobre los hombres la misericordia del Cielo. Si todavía no es hora de todas estas cosas, quizá sea hora de abandonarse a la inercia; de exponer las cosas santas a la risa, al desdén, a la injuria, a la calumnia y a la perdición; de retrasar la hora de la misericordia divina sobre la nación y sobre el mundo; y de perder la ocasión que el Cielo brinda, para restauración de lo caído, que es casi todo. ¿Todavía no es hora? Mas, ¿cuándo ha de ser? ¿Cuándo el diablo y los perversos con él hayan cosechado bastante? ¿Cuándo los buenos se hayan cansado o hayan danzado al son de aquellos? ¿Cuándo todo haya desaparecido…? Puede que para muchos sea ésta su hora. Pero ¡qué responsabilidad tan tremenda!

En Ezquioga, la Santísima Virgen María se apareció en distintas ocasiones con espadas en la mano. A unos les parecía repugnar con la bondad, la misericordia, la dulzura y otras cualidades pacíficas de Nuestra Señora: ‘Madre de Misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra.’ Pero tampoco en la Historia ha habido época, excepción hecha de la prediluviana, de mayor incredulidad, desorden racional y vicio sensual que la actual: vicio, desorden e incredulidad que alcanza absolutamente, con muy pocas excepciones, a todas las clases y categorías sociales. La Santísima Virgen en sus apariciones y revelaciones no expresa otra cosa. Ella ha venido a remediar el mal, pero no se la quiere oír. ¿Qué cosa, pues, más lógica que sobre la Humanidad, revolcada en el cieno y empedernida en el mal, recaigan terribles, ejemplares e inauditos castigos, en algo semejantes a los diluvianos y en mucho diferentes de éstos porque serán peores? ¿Qué cosa más natural que esa Humanidad sea castigada para ser corregida, y que los que sobrevivan sean más justos y caminen por los rieles que Dios ha fijado? Y ¿qué simbolismo más exacto el de tales excepcionales castigos que la espada o las espadas con las que, en un principio, la Virgen Madre aparecía?

Palabras de Nuestra Señora dando razón de sus Apariciones: “Si he venido a la tierra es porque Satanás se ha apoderado del mundo y quiere terminar con los católicos.” “La causa de aparecerme en Ezquioga está en la defección de los ministros de mi Hijo, que no atienden, como es debido, a sus iglesias; y por esto me procuro otras almas queridas, a fin de que trabajen, en lo que ellos olvidan.” “Jesucristo, Mi Hijo, está muy ofendido, por los ultrajes que recibe del mundo, y quiere mandar un castigo. Pero Yo, como soy Madre de todos, he venido a anunciar a mis hijos que se enmienden o, si no, recibirán el castigo del Padre.” En una palabra: El olvido del cumplimiento de nuestros estrechos deberes, el obrar de espaldas a ellos, y el supremo anhelo del Cielo de salvar a la humanidad extraviada, es la triple causa de las apariciones de la Santísima Virgen en Ezquioga y, como en La Salette, como en Fátima, se queja tan amargamente de todos sus hijos, particularmente de muchos de aquellos de sus sacerdotes que no sólo no andan por el camino de la santificación propia y ajena, sino que son impedimento de la salvación de muchos.

La respuesta del mundo a tantas apariciones y milagros de la Santísima Virgen María ha sido muchas veces la infecunda inercia, la triste negación, y la negra incredulidad. Pero ¿por qué no se toma interés en el asunto y se investiga a fondo? ¿Por qué se deja, diciendo que “no hay obligación de creer, porque no es dogma de fe,” para que un público ignorante de estos temas acabe por decir, como dice: “aquí no hay nada”? Pecado grande y muy grande es éste que, de un lado, dejando un asunto de importancia tan a merced de las mundanales olas, podría acabar por estrellarlo contra las rocas del olvido, mientras que, por otro lado, impide que la gloria de Dios y de su Madre, y la santificación y salvación de las almas, doble supremo fin de la Humanidad, den el resultado que en el Plan Divino están llamados a dar.

Se debe indagar y examinar hechos que, probados hasta con milagros, han de reportar tanto honor y gloria a Dios y a la Virgen, y provecho al pueblo católico; mientras el mundo los deja en el triste abandono y desata una descarada persecución llena de calumnias, injurias e infamias contra todos aquellos que simpatizan con las Apariciones.

Preguntamos: ¿Existen graves causas sociales y demás, por las cuales se ve que son razonables y lógicas las apariciones? Sí; primero la gravedad del momento presente universal. Tan silenciado como sabido y sentido, el momento presente universal provoca la amarga queja general: “Esto va mal. Nos hallamos en la boca de un volcán. El día menos pensado sobrevendrá un cataclismo. Que viene, que viene ya.” Y todo el mundo vive en continua zozobra y en perpetua angustia, esperando la hora trágica del castigo a la humana corrupción. Pero lo más sorprendente es que los hombres, ante unos males tan enormes, viven de espaldas a su Creador, le cierran sus puertas y aun le blasfeman y persiguen. Así llegó la apostasía de Roma, cuando los mismos católicos de entonces, y aun la crema de los mismos, no se preocupaban porque habían abandonado los caminos de Dios, hablando, obrando y viviendo aparentemente como cristianos, pero que no lo eran de verdad. El espíritu del Evangelio, en la inmensa mayoría, se esfumó, quedando únicamente su letra sagrada; pero el espíritu, ¿a dónde fue?

Muy parecida es nuestra época a la en que Jesucristo vivía en la tierra. Él la describe monumentalmente en los evangelios. Sobre todo cuando arroja en cara a los escribas y fariseos su particular modo de obrar: que traspasaban el mandamiento de Dios, el precepto de la caridad, por seguir la tradición; que honraban a Dios con sus labios, pero que su corazón estaba lejos de Él; que enseñaban doctrinas y mandamientos de hombres; que decían y no hacían; que imponían obligaciones pesadas e insoportables a los demás, cuando ellos no querían mover un dedo para cumplirlas; que practicaban sus obras para ser vistos de los hombres; y amaban los primeros asientos, y deseaban ser saludados en la plaza como maestros y doctores; que andaban mendigando alabanzas unos de otros y no procuraban aquella gloria que de solo Dios procede, etcétera.

Precisamente por este último motivo es porque los escribas y fariseos no recibían ni creían en Jesucristo; y son ciertamente, la vanidad, que provoca la lisonja, y la soberbia, que engendra la presunción, las que apartan de Jesucristo y de su Madre Santísima. ¡Ah! Y cómo señalan todo esto nuestros Divinos Maestros en los diversos Mensajes enviados a la tierra, mediante los videntes.

Pero hay más. El Santo Padre Pío XI dejó advertido en una de sus sabias encíclicas de 1932, que los momentos difíciles por los que atravesaba la humanidad ya entonces, sólo eran comparables a los tiempos en que Noé, por orden divina, predicando penitencia a un mundo subvertido, fabricaba el arca de salvación para unos justos. Y aún más; Jesús y la Santísima Virgen anuncian que los tiempos actuales son los peores desde que el mundo es mundo. Estamos por tanto, en vísperas de una inevitable catástrofe que, solamente, una penitencia universal podría aminorar.

En los Últimos Tiempos, nuestra Santísima Madre ha de ser más conocida, amada y glorificada de lo que ha sido hasta ahora. La Santísima Virgen se mantuvo humilde y oculta durante toda su vida de peregrinación sobre la tierra, y precisamente a causa de aquella humildad y ocultamiento es por lo que la Divina Señora no ha sido amada y glorificada como corresponde; durante la Historia de la Iglesia, no ha recibido toda la gloria y el honor a Ella debidos porque no ha sido suficientemente conocida, hasta que sus glorias fueron publicadas en los Santos Concilios Palmarianos. Es por esto que algunos santos profetizaron que, al llegar a los tiempos de las apostasías generales, la Virgen comenzará a ser más conocida y amada, porque esa es la voluntad de Dios Omnipotente, que quiere que su Madre sea glorificada y honrada como debe ser, y más conocida y amada que nunca. Para predicar la penitencia, y abrirnos los caminos de salvación, es por lo que, particularmente, la Virgen Santísima ha dejado sentir su augusta presencia entre nosotros. Y para esto, esta Madre bendita se muestra extraordinariamente en La Salette, Lourdes, Knock, Fátima, Ezquioga y El Palmar de Troya.

España ha sido siempre la nación predilecta de María y la nación católica por antonomasia; pero también es evidente que España es hoy patrimonio de los adversarios del Catolicismo, que han podido subir al poder precisamente por la defección y claudicación de muchos que fueron buenos. Y María, la que antaño nos visitó, erigiendo un trono en Zaragoza, tiene inmensa compasión de su pueblo, y se lamentó dolorosamente, en Ezquioga, en Garabandal y finalmente en El Palmar, para despertar a sus hijos profundamente dormidos, o levantarlos del sucio fango en que están hondamente metidos, clamando en los videntes, que practiquemos insistente oración, dura penitencia, aceptable sacrificio, y que nos demos por entero a Dios: lo que pidió en La Salette, en Lourdes, en Fátima, y en el mundo entero; pues se acerca la hora de la purificación del mundo, y muy especialmente en España, mediante el duro azote divino.

No hay más que fijarse en la cruda realidad. Y cuando el vicio y la herejía y la apostasía y el ateísmo hacen público alarde, no es menos cierto que alcanzan a todas las clases sociales sin excepción. A pesar de tantas apariciones y milagros, las masas católicas no despertaron, sino hicieron oídos sordos al clamor continuo del Cielo; las que se movieron al arrepentimiento se enfriaron; y a causa de unos y otros, se han rebullido casi todos contra las apariciones más trascendentales de todas, las de El Palmar, negándolas, burlándose de ellas, y persiguiéndolas por todos los medios aunque sean malos. ¿Dónde está la fe? Llegaron a la apostasía general, porque tomaron el camino de la incredulidad. Pero ¿por qué no se cree? Hay que decirlo claro y bien alto para que todos lo oigan: No se cree, porque se vive vida de materia, y menos aun que de materia, de metal. No se cree, por dar gusto o por no disgustar a los que llevan el timón y viven vida de materia y de metal. La materia y el metal, por su pesadez, empujan hacia abajo.

Si se quiere creer, hay que desprenderse de aquella vida y odiarla, e ir en pos de la vida sobrenatural, no sólo para admirarla y celebrarla, sino para bien vivirla: Que no debemos admirar y cantar a Cristo y a María como pasados, sino presentes en nosotros; y no como muertos, sino vivos entre nosotros, y dentro de nosotros. Por esto hemos de bien vivir su vida. Lo sobrenatural es espíritu que, por su ligereza, al Cielo asciende.

Las Apariciones Marianas de los Últimos Tiempos constituyen una excepcional floración sobrenatural, tan grande y extraordinaria, como grandes y extraordinarias son las negaciones, las claudicaciones y las apostasías de los tiempos actuales. Los frutos están llamados a ser inmensos, ya que la prevaricación humana es inaudita.

Las apariciones de Ezquioga son de gran importancia; profetizan la orden religiosa de los Crucíferos de Sevilla, y también son un preludio de las apariciones de El Palmar, pues tienen en común que son excepcionalmente prodigiosas, con numerosos videntes; curaciones de enfermedades; conversiones de pecadores, descubrimientos de secretos íntimos, profecías cumplidas, castigos merecidos, favores especiales recibidos, y santificaciones de almas cristianas en los varios años de apariciones celestiales y revelaciones.

La colosal grandeza del maravilloso asunto, ciega a los enemigos de las Apariciones; les asusta, empequeñece, aplasta y desorienta. Y se lanzan por todos los lados y medios a negar, a denigrar, a intentar impedir que la obra sobrenatural surja potente.

Pero téngase en cuenta lo que dijo la Santísima Virgen en Ezquioga: “la Gloria de Cristo no la disfrutarán aquellos que no la hayan defendido,” y la gloria de Cristo es la gloria de su Madre, que posponen, ciertamente, a sus intereses creados, los cuales de nada absolutamente les valdrán para el día de la gran prueba.

¿Por qué se empeñan en atacar así? Pues aquí la justicia de Dios sabrá vengar los agravios inferidos a su Madre, tanto más cuanto que, por empeñarse en seguir así, se han perdido y se pierden muchas almas.

El medio del cual se vale el Cielo para salvar a la actual humanidad distraída, ciega, empedernida en el pecado, es el propio medio del que se valen sus enemigos para la negación, el vilipendio y el apóstrofe. No queda remedio en lo humano. Aquel medio supremo son las reiteradas, las múltiples apariciones de la Santísima Virgen, tan mal combatidas como incomprendidas, precisamente por la falta de fe y de sentido cristiano. Apariciones que no son, en manera alguna, nuevas en la Iglesia de Dios, sino repetidas por la Historia Eclesiástica de todos los siglos. El propio San Orígenes nos habla de muchos niños y niñas que tenían repetidas visiones parecidas a las que tratamos. Fue, dice él, “una florescencia sobrenatural atribuida a las necesidades de aquellos tiempos de persecución.” Pero estos son, ciertamente más calamitosos aún que aquéllos por la falta de fe. ¿Qué extraño, pues que ahora, ante la mayor necesidad presente, sucedan apariciones mayores y más repetidas?