Las Apariciones de La Salette

La Virgen de La Salette se apareció a dos niños en 1846 cerca del pueblo de La Salette-Fallavaux, en Isère, Francia. Los dos jóvenes pastores, llamados Santa María Melania de la Cruz y de La Salette (nacida Mélanie Calvat), de 15 años, y San Maxi­mino Giraud, de 11 años, relataron cómo el sábado 19 de septiembre de 1846, hacia las tres de la tarde, cuando cuidaban las vacas de sus amos en una montaña cercana al pueblo alpino de La Salette, vieron aparecer dentro de una luz resplandeciente, más brillante que el sol, una ‘Bella Señora’ en llanto que se dirige a ellos.

Primero sentada y llorando con la cabeza entre las manos, la ‘Bella Señora’ se levanta y habla largamente. Les explica que llora por la impiedad imperante en la sociedad y los insta a renunciar a dos pecados graves que se habían hecho muy comunes: la blasfemia y no tomarse el domingo como día de descanso y de asistencia a la Misa. Predice castigos espantosos que se darán si la gente no cambia y promete la clemencia divina a los que cambien. Finalmente pide a los niños que recen, hagan penitencia y esparzan su mensaje.

La Virgen les dijo a los pastorcitos, entre otras cosas, que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de su Hijo sea más pesada.

Ella continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el Nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se pudrirían.

Toda la luz dentro de la cual se presenta y que envuelve completamente a los tres, viene de un gran crucifijo que lleva sobre el pecho, rodeado de un martillo y unas tenazas. Lleva sobre los hombros una cadena y, al lado, unas rosas. Su cabeza, su cintura y sus pies están también rodeados de rosas; vestida de blanco, con un chal o pañoleta rubí y un delantal dorado. Al final la “Bella Señora” sube por una pendiente y desaparece entre la luz.

Santa María Melania nos da su relato de cómo sucedió la aparición: Maximino me dijo que le enseñara un juego. La mañana estaba avanzada; le dije que juntáramos flores para hacer el ‘Paraíso’. Nos pusimos los dos a la obra. Pronto tuvimos una buena cantidad de flores de distintos colores. Se oyó el Ángelus de la villa, pues el cielo estaba sereno y sin nubes. Después de haber dicho a Dios lo que sabíamos, le dije a Maximino que debíamos llevar nuestras vacas a un pequeño terreno, cerca de una pequeña barranca donde habría piedras para construir el ‘Paraíso’. Llevamos nuestras vacas al lugar señalado y enseguida hicimos nuestra pequeña cena. Luego, nos pusimos a llevar las piedras y a construir nuestra casita que consistía en una planta baja que se decía nuestra habitación y luego un piso encima que era, según nosotros, el ‘Paraíso’. Este piso estaba todo adornado de flores de distintos colores con coronas suspendidas de tallos de flores. El ‘Paraíso’ estaba cubierto por una sola y ancha piedra que habíamos recubierto de flores; habíamos colgado también coronas a su alrededor. Terminado el ‘Paraíso’ lo contemplamos; nos vino el sueño, nos alejamos dos pasos de allí, y nos dormimos sobre la hierba. Sin hacerlo caer, la Bella Señora se sienta sobre nuestro ‘Paraíso’.

Al despertarme y no ver nuestras vacas llamo a Maximino y trepo el pequeño montículo. Habiendo visto que nuestras vacas estaban tranquilamente recostadas, yo bajaba de allí y Maximino subía, cuando, de pronto, veo una bella luz más brillante que el sol, y apenas he podido decir estas palabras: “¿Maximino, ves, allá? ¡Ah! ¡Dios mío!” Al mismo tiempo dejo caer el bastón que tenía en la mano. No sé qué de delicioso acontecía en mí en ese momento, pero yo me sentía atraída, sentía un gran respeto lleno de amor, y mi corazón hubiera querido correr más rápido que yo. Yo miraba fijamente esta Luz que estaba inmóvil, y, como si ella se hubiese abierto, percibí otra Luz mucho más brillante, y que estaba en movimiento y, en esta Luz, una Bellísima Señora sentada sobre nuestro ‘Paraíso’ con la Cabeza entre sus Manos. Esta Bella Señora se ha levantado, ha cruzado un poco sus brazos, y mirándonos, nos ha dicho:

“Acercaos, hijitos míos, no tengáis temor; estoy aquí para anunciaros una gran noticia.”

Estas dulces y suaves palabras me hicieron volar hacia Ella, y mi corazón hubiese querido estrecharse a Ella para siempre. Habiendo llegado muy cerca de la Bella Señora, frente a Ella, a su derecha, comienza Ella su discurso y también las lágrimas comienzan a correr de sus bellos ojos.

“Si mi pueblo no quiere someterse estoy forzada a dejar libre la Mano de mi Hijo. Es tan grave y pesada que no puedo retenerla más. ¡Hace cuánto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os abandone, debo rogarle sin pausa. Y en cuanto a vosotros, no hacéis caso de ello. Por más que roguéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar la pena que me he tomado por vosotros.

Os he dado seis días para trabajar, me he reservado el séptimo, y no se quiere acordármelo. Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo. Los que conducen los carros no saben hablar sin introducir el Nombre de mi Hijo en sus juramentos. Son ambas cosas lo que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo.

Si la cosecha se echa a perder, sólo es a causa de vosotros. Os lo he hecho ver el año pasado con las patatas, vosotros no habéis hecho caso de ello; al contrario, cuando las encontrabais arruinadas jurabais y usabais el Nombre de mi Hijo. Van a seguir echándose a perder, y en Navidad no habrá más.

Si tenéis trigo, no hay que sembrarlo. Todo lo que sembréis, lo comerán las bestias, y lo que crezca, caerá hecho polvo al cernirlo. Va a venir una gran hambre. Antes que el hambre venga, los niñitos menores de siete años tendrán un temblor, y morirán entre las manos de las personas que los sostengan; los demás harán penitencia con el hambre. Las nueces se echarán a perder, los racimos se pudrirán.”

Aquí, la Bella Señora, que me tenía encantada, quedó un momento sin hacerse oír; veía, sin embargo, que seguía moviendo graciosamente sus amables labios como si hablase. Maximino recibía entonces su secreto. Luego, dirigiéndose a mí, la Santísima Virgen me habló, y me dio un secreto en francés. He aquí este secreto, tal como Ella me lo ha dado:

“Melania, lo que voy a decirte ahora no permanecerá siempre en secreto. Podrás publicarlo en 1858. Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los Santos Misterios, por amor del dinero, por amor del honor y de los placeres, los Sacerdotes se han transformado en cloacas de impureza. Sí, los Sacerdotes reclaman venganza, y la venganza está suspendida sobre sus cabezas. ¡Desdicha de los Sacerdotes y las personas consagradas a Dios que, por sus infidelidades y su mala vida, crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo, y llaman la venganza, y he aquí que la venganza está a sus puertas, pues no hay nadie más para implorar misericordia y perdón para el pueblo; no hay más almas generosas, ya no hay más personas dignas de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

Dios va a castigar de una manera sin precedente. ¡Desdichados los habitantes de la tierra! Dios va a agotar su Cólera, y nadie podrá sustraerse a tantos males reunidos. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias; se han convertido en esas estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los que reinan, en todas las sociedades y en todas las familias; se sufrirán penas físicas y morales; Dios abandonará los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

La sociedad está en la víspera de las plagas más terribles y de los más grandes acontecimientos; hay que esperar ser gobernado por una vara de hierro y beber el cáliz de la Cólera de Dios…

Italia será castigada por su ambición al querer sacudirse el yugo del Señor de los Señores; también ella será entregada a la guerra, la sangre correrá por todas partes; las iglesias serán cerradas o profanadas; los Sacerdotes, los religiosos serán expulsados; se los hará morir y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y será grande el número de los Sacerdotes y religiosos que se apartarán de la verdadera religión; entre estas personas habrá incluso Obispos. Que el Papa se cuide de los hacedores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar sobre la tierra y en los aires…

Lucifer y un gran número de demonios serán soltados del infierno: abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas a Dios; los cegarán de tal manera, que, a menos de una gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos; muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas.

Los malos libros abundarán sobre la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán en todas partes un relajamiento universal para todo lo que concierne al servicio de Dios; tendrán un gran poder sobre la naturaleza; habrá iglesias para servir a estos espíritus. De un lado a otro serán transportadas personas por estos malos espíritus e incluso sacerdotes, pues ellos no se habrán conducido según el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la Gloria de Dios. … Habrá en todas partes prodigios extraordinarios, puesto que la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz ilumina al mundo. Desdichados los Príncipes de la Iglesia que sólo se hayan ocupado en acumular riquezas sobre riquezas, en salvaguardar su autoridad y en dominar con orgullo.

El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, pues, por un tiempo, la Iglesia será abandonada a grandes persecuciones; esto será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia tendrá una crisis terrible.

Olvidada la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; sólo se verán homicidios, odio, celos, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio.

Los malvados atentarán muchas veces contra su vida sin poder dañarle; pero ni él ni su sucesor… verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

Los gobiernos civiles tendrán todos un mismo designio, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para hacer lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios…

Se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia se pudrirán y el demonio se hará como rey de los corazones. Que los que están a la cabeza de las comunidades religiosas tengan cuidado con las personas que deben recibir, pues el demonio hará uso de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas personas entregadas al pecado, ya que los desórdenes y el amor de los placeres carnales serán extendidos por toda la Tierra.

Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá en las calles, el francés combatirá con el francés, el italiano con el italiano; luego habrá una guerra general que será espantosa. Por un tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, puesto que el Evangelio de Jesucristo no se conoce ya más. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se masacrará mutuamente hasta en las casas.

Al primer golpe del rayo de Su espada, las montañas y la tierra entera temblarán de pavor, puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemada y Marsella será engullida por el mar, muchas grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos: se creerá que todo está perdido; sólo se verán homicidios, sólo se oirán estrépito de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá mi ayuda y mi intercesión. Entonces, Jesucristo, por un acto de su Justicia y de su Misericordia, ordenará a sus Ángeles que todos sus enemigos sean ejecutados. De pronto, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres entregados al pecado perecerán, y la tierra será como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glorificado; en todas partes florecerá la caridad. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado en todas partes, y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son causa de todas las aflicciones que acontecen sobre la Tierra.

Un precursor del anticristo con sus ejércitos de varias naciones combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y querrá aniquilar el culto de Dios para hacerse tener como un Dios.

La Tierra será golpeada por toda clase de plagas (además de la peste y el hambre, que serán generales); habrá guerras hasta la última guerra, que será hecha por los diez reyes del anticristo, que tendrán todos un mismo designio, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto acontezca habrá una especie de falsa paz en el mundo; sólo se pensará en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados, pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la Fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes conducidas por el Espíritu Santo. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud del tiempo.

La naturaleza reclama venganza para los hombres, y, esperando lo que debe ocurrir a la tierra manchada de crímenes, se estremece de pavor.

Tiembla, tierra, temblad vosotros, los que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que por dentro os adoráis a vosotros mismos; pues Dios va a entregaros a su enemigo, puesto que los lugares santos se hallan en la corrupción; muchos conventos no son más las casas de Dios sino el pasto de Asmodeo y los suyos.

Será durante este tiempo que nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen que tendrá comunicación con la antigua serpiente, el señor de la impureza; su padre será obispo; al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; será, en una palabra, el diablo encarnado; lanzará gritos terribles, hará prodigios, sólo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, aunque no sean demonios encarnados como él, serán hijos del mal; a los doce años se señalarán por sus valientes victorias, pronto estará cada uno a la cabeza de ejércitos asistidos por legiones del infierno.

Las estaciones se alterarán, la tierra sólo producirá malos frutos, los astros perderán sus movimientos regulares, la luna sólo reflejará una débil luz rojiza; el agua y el fuego darán al orbe de la tierra movimientos convulsivos y horribles terremotos que engullirán montañas, ciudades, etc.

Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo.

Los demonios con el anticristo harán grandes prodigios sobre la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán cada vez más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad; el Evangelio será predicado en todas partes. ¡Todos los pueblos y todas las naciones tendrán conocimiento de la Verdad!

Yo dirijo un apremiante llamado a la Tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios Viviente y Reinante en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, mis verdaderos devotos, aquellos que se han entregado a Mí para que los conduzca a mi Hijo Divino, aquellos que, por así decir, llevo en mis brazos; aquellos que han vivido de mi espíritu; llamo, en fin, a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en desprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento, y desconocidos del mundo. Es tiempo de que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos; Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra Fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga como hambrientos de la gloria y del honor de Jesucristo. Combatid, hijos de la Luz, vosotros, los pocos que veis, pues he aquí el Tiempo de los Tiempos, el fin de los fines.

La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoc y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.

¡Desdichados los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un espantoso granizo de animales, truenos que sacudirán las ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en los aires, los hombres se darán de golpes con su cabeza en los muros; llamarán a la muerte y, por otro lado, la muerte hará su suplicio, la sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá vencer, si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y las oraciones de los justos, Dios se dejará doblegar; Enoc y Elías serán matados; Roma pagana desaparecerá; el fuego del cielo caerá y consumirá tres ciudades; todo el universo será sacudido de terror, y muchos se dejarán seducir porque no han adorado al verdadero Cristo Viviente entre ellos. Es el momento; el sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.

He aquí el tiempo; el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí a la bestia con sus súbditos, diciéndose salvador del mundo. Se elevará con orgullo en los aires para ir hasta el cielo; será ahogado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que desde hace tres días estará en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego, él será sumergido para siempre con todos los suyos en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán la Tierra y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado.”

Después de cinco años de investigación, el Obispo de Grenoble, Philibert de Bruillard, reconoce la autenticidad de la aparición. El Papa San Pío IX aprobó la devoción a Nuestra Señora de La Salette.

Secretos de la Virgen: Los pastorcillos afirmaron que sus dos secretos individuales les fueron revelados unos días más tarde, el 25 de septiembre del 1846, en el lugar de la aparición, aunque la Virgen les dijo que no lo comentaran ni se lo contaran el uno al otro hasta el año 1858, día en que se revelarían. Estos dos secretos fueron enviados en 1851 al Papa San Pío IX.

Existen dos versiones del secreto de Melania, una escrita por ella misma en el año 1851, y otra publicada por la misma autora en 1879 en Lecce, Italia, con la aprobación del Obispo de esa ciudad.

El secreto de la Santísima Virgen María dado a Maximino decía: “Si mi pueblo continúa, lo que digo llegará antes; si cambia poco, llegará un poco más tarde. Francia ha corrompido al universo; un día será castigada. La fe se extinguirá en Francia: tres cuartos de Francia no practicará más la religión, y la otra parte la practicará sin practicarla. Más tarde las naciones se convertirán y la fe arderá de nuevo en todas partes. Un gran país en el norte de Europa, ahora protestante, se convertirá, y con su ayuda las demás naciones del mundo se convertirán. Antes que llegue eso, habrá grandes desórdenes en la Iglesia y en todas partes. Luego nuestro Santo Padre el Papa será perseguido. Su sucesor será un pontífice que nadie espera. Luego vendrá una gran paz, pero no durará mucho. Un monstruo vendrá para turbarla. Todo lo que digo llegará en otro siglo.”

Se desconoce la impresión que estas misteriosas revelaciones tuvieron sobre el Papa. Hubo polémica sobre si el secreto publicado en 1879 era idéntico al que se comunicó a Pío IX en 1851. El Santo Cura de Ars se mostró indeciso acerca de las apariciones durante algún tiempo, pero posteriormente las admitió como de origen sobrenatural; San Maximino le visitó varias veces. El Papa San León XIII recibió a la vidente Melania con muestras de particular predilección y conoció todo el contenido del secreto. Al leer un relato de la vida de Santa Melania en 1910, el Papa San Pío X exclamó: “La nostra Santa!,” y recomendó que fuese introducida inmediatamente su causa de beatificación.

El Señor, en el 125º aniversario, el 19 de septiembre de 1971, dijo al entonces vidente Clemente Domínguez: “¡Ay, si hubieran escuchado los Mensajes de La Salette! ¡Cuántas cosas hubieran sido evitadas! ¡Pobre humanidad que camina al abismo! ¡Y pensar que sólo implorando el perdón, Yo soy generoso y perdono enseguida! Pero es necesaria vuestra humillación, para que Yo os perdone. Mi Corazón es pronto a perdonar. Pero también soy Justiciero con los soberbios y los derribo.”

El día 25 de septiembre de 1971, en La Salette, la Santísima Virgen María le dijo: “Hijos míos queridos: Gracias por vuestra peregrinación a este Sagrado Lugar de La Salette… ¡La humanidad está perdida! Ha caído en la soberbia, en el abandono de las buenas tradiciones. Está dando la espalda a su Madre Celestial: Yo, la Virgen María, Madre de Dios, y Madre de los hombres por la Preciosísima Sangre derramada por Jesús en la Cruz. La humanidad camina ciega, regida por inicuos pastores, pastores que no cuidan de las ovejas, pastores que viven en el placer mundano, pastores desviados: cardenales, obispos, sacerdotes, frailes, monjas, irresponsables del rebaño. Otra suerte sería la del mundo si los Mensajes que di en este Sagrado Lugar hubieran sido escuchados, extendidos y cumplidos. Mas, la mayoría no los creyeron; otros, los combatieron; a otros, no les interesaban. Aquí, en La Salette, anuncié muchos de los males que habrían de venir a la Iglesia y al mundo. Y se están cumpliendo al pie de la letra, y otros que han de venir últimamente. Se cumplirá hasta la última letra que Yo he pronunciado en este Sagrado Lugar. Ya se van viendo las cloacas que anuncié en el siglo pasado aquí en La Salette. Los ministros del Señor, muchos de ellos, abandonan el altar para casarse y vivir placenteramente con una mujer. ¿Acaso creéis que eso no es apostasía? ¡Ay de aquel que ponga su mano en el arado y se vuelva atrás! El que se consagra Sacerdote, queda consagrado según el Orden de Melquisedec, y siempre será Sacerdote. Y después de su muerte, seguirá siendo Sacerdote en el lugar a que haya sido destinado. Ya lloraba Yo, en este Lugar, por los males que habrían de venir. Veía cómo se iba a pisotear la Sagrada Eucaristía. Cómo la Sangre del Divino Cordero iba a ser pisoteada vilmente por sus propios ministros. Cómo iba a llegar aquel tiempo en que a la Comunión no se le iba a dar el debido respeto. Llegó ya el tiempo en que la Eucaristía está siendo despreciada, pisoteada. Los ministros del Señor la administran ya de cualquier manera, sin respeto ni veneración. Debéis saber, hijos míos, que la Eucaristía hay que recibirla dignamente, con respeto, recogimiento, oblación y consagración a Dios. Y la postura digna es de rodillas, doblando la rodilla ante la Majestad de Cristo Jesús, que ha dado su vida para la salvación de los hombres, que se da a comer y a beber su Sangre, para extender sus gracias y su misericordia… ¡Humanidad!, ¡Jesús ya está empezando a dar la retirada de los sagrarios! Habrá ciudades donde en muy pocas iglesias estará realmente Cristo Jesús Sacramentado, porque muchos de los llamados Ministros del Señor, son miembros de la masonería y no consagran internamente. La humanidad se acordará para siempre de las palabras que dije aquí en La Salette, a mis videntes en el pasado siglo, porque todas han de cumplirse. Mas, como soy vuestra Madre, a todos los que acudáis a Mí, Yo os protegeré. Siempre estoy repitiendo: Os protegeré, os abrazaré, os cubriré con mi Santo Manto. Yo os libraré del Enemigo. No andéis turbados por los acontecimientos que han de venir, porque Yo estaré con vosotros en los momentos más terribles. No os faltará vuestra Madre Celestial, como no le faltó a Jesús en la Cruz. Fue abandonado de todos, pero a su Madre allí la tenía, como vosotros me tendréis a Mí. … Acudid masivamente al Sagrado Lugar de El Palmar de Troya, en España, donde actualmente me aparezco a unos pobres pecadores, humildes y sencillos. Y en cuyo Lugar se ora intensamente por toda la humanidad, y de ahí saldrán abundantes gracias para la Iglesia y para el mundo. … Mis actuales apariciones de El Palmar de Troya, en España, salvarán a la Iglesia y al mundo. Es la hora suprema de la Ira del Padre; y este lugar de El Palmar, será pararrayo de la Ira Divina, por sus abundantes y devotas oraciones, sus sacrificios y penitencia. Todos los que acudan a El Palmar con frecuencia, serán iluminados en los Últimos Tiempos; caminarán en rectitud; pero tendrán que orar con mucha humildad, porque también recibirán más ataques del Enemigo.”

En La Salette, la Santísima Virgen María advirtió de los peligros que se acercaban y advirtió al pueblo cristiano cómo evitarlos. Cuando se cumplieron las predicciones y llegaba la apostasía de Roma, María Santísima se apareció en El Palmar para dar una última oportunidad salvífica a la Iglesia y preparar un refugio para los fieles seguidores de su Divino Hijo.

La Santísima Virgen María bajo la advocación de Lourdes, el 28 de enero de 1971, dijo: “Observad los caminos que hago recorrer a este vidente hijo mío (Clemente Domínguez): Le envío a los Santuarios Marianos y de peregrinaciones y a los Lugares Santos de Apariciones Celestiales. De esta forma os enseño la unidad que debe haber entre los devotos de las Apariciones. Nadie en la tierra tiene poder para impedir que en un determinado lugar Dios manifieste su Omnipotencia. Con esto os quiero decir, que lo mismo que me manifesté en Lourdes, lo hice en Fátima, La Salette, Pontmain, Bretaña, Guadalupe, Zaragoza, Garabandal, Palmar de Troya, como asimismo en muchos lugares más.”