El grupo de expulsados de nuestra Orden Carmelitana

En el año 2000 un grupo de frailes y monjas fueron expulsados de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Desde entonces, algunos de ellos no han cesado de difamar e injuriar, de mil maneras distintas a la Santa Iglesia de Cristo y María: la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Palmariana. Quizás tú mismo has tenido conocimiento de la Iglesia Cristiana Palmariana a través de sus palabras y visitas esta página con natural curiosidad e interés, en parte por ver qué respuesta damos a la multitud de acusaciones que sobre nosotros hacen recaer.

“Un grupo de religiosos y religiosas es expulsado de la Orden, y comienzan a hablar mal de El Palmar”

¿No deja esta sola frase todo mucho más claro? ¿Hace falta mayor refutación a lo que dicen? ¿No sorprende que un grupo de personas que durante años y hasta el momento de su expulsión no parecieron escandalizarse de lo que ahora se muestran indignados? ¿Por qué solo ahora se lanzan a vomitar injurias al verse expulsados de una Orden de la que no quisieron irse voluntariamente? Si esta Orden religiosa fuera tan mala y perversa como los miembros de este grupo dicen, entonces ¿por qué permanecieron tantos años dentro de Ella cuando en cualquier momento podrían haberse marchado? No era ciertamente por el dinero, porque tenían voto de pobreza y nada ganaron para sí. El solo hecho de haber permanecido 10 o 15 años en la Orden nos induce naturalmente a pensar que creyeron que era la verdadera Iglesia y ellos querían ser parte de ella.

Por otra parte, conviene tener en cuenta que los que pertenecieron a este grupo de expulsados de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz deberían haber examinado con mayor profundidad, y acusado con sinceridad sus propios y graves pecados, en lugar de señalar en los demás faltas de gravedad muy inferior, como hacían los sanedritas que en tiempos de Cristo se rasgaban las vestiduras hipócritamente señalando supuestas faltas ajenas mientras ocultaban las suyas gravísimas. No olvidemos, por ejemplo, que algunos de ellos (que se autodenominaban «los castos») viven actualmente de forma sacrílega en concubinato, y hasta algunos con ex-monjas del mismo grupo.