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Mensajes de San Pío de Pietrelcina a Clemente Domínguez y Gómez, hoy el Papa San Gregorio XVII, Magnísimo

El día 5 de julio de 1970

Clemente recibió, ante la tumba del Padre Pío, en San Giovanni Rotondo, el siguiente Mensaje dado por el mismo Padre Pío: «Hijo mío: No es un capricho mío el Rosario de Padrenuestros. Es una necesidad para cambiar la perversidad de la humanidad. Os bendigo».

Día 20 de diciembre de 1974

(San Giovanni Rotondo. Tumba del Padre Pío. Por la mañana, el Sacerdote venezolano celebró la Santa Misa Tridentina, en el Altar que está junto a la tumba del Padre Pío. Acabada la Santa Misa, y estando todos rezando allí, Clemente Domínguez tuvo la siguiente locución:)
El Padre Pío de Pietrelcina
«Hijos míos: Os bendigo paternalmente. Estaba esperando vuestra visita con los brazos abiertos, ya que este hijo mío prometió la visita en acción de gracias. Por Voluntad del Altísimo, yo soy el Protector de El Palmar y del Vergel. Es preciso que las monjas y los frailes del Vergel me invoquen con más frecuencia. Yo apoyaré la causa del Vergel. Os bendigo». (Hacemos constar que Clemente Domínguez había ofrecido visitar la tumba del Padre Pío, en acción de gracias, si entregaba directamente los Documentos al Santo Padre. Por dificultades económicas, Manuel Alonso trató de desviar el viaje hacia España. Pero Clemente Domínguez quiso a toda costa cumplir con su promesa, y fuimos todos a la tumba del Padre Pío. Este mismo día 20 de diciembre, por la mañana, salimos de San Giovanni Rotondo hacia el Monte Santo Angelo, en donde está el Santuario de San Miguel Arcángel. Después visitamos el Santuario de Loreto, y esa misma tarde salimos para la ciudad de Sigillo, en donde hay muchos devotos de El Palmar. Llegamos por la noche y fuimos recibidos, como otras veces, con auténtico amor de hermanos. Dormimos en el Monasterio de las Madres Agustinas de Santa Ana.)

Día 9 de julio de 1980

Sobre las 12 del mediodía llegamos a San Giovanni Rotondo, penetramos dentro de la Iglesia, bajamos a la cripta, y oramos ante la tumba del gran Santo Mártir, San Pío de Pietrelcina, canonizado por Su Santidad el Papa Gregorio XVII, que por primera vez, como Papa, se postraba y oraba ante las reliquias de tan entrañable santo, que tantas veces se apareció en El Palmar de Troya. ¡Momentos de indescriptible emoción! Durante el transcurso de la oración, San Pío se apareció y dio al Santo Padre el siguiente Mensaje, hora 12,30 del mediodía:)
San Pío de Pietrelcina
«Amadísimo Vicario de Nuestro Señor Jesucristo:
He de manifestar con gran alborozo, el júbilo que siento en mi corazón por vuestra visita apostólica; con cuya visita, reparáis un poco de las muchas injurias que recibe Jesús en este lugar.
Yo sigo siendo el gran protector de El Palmar de Troya, y siempre estoy pendiente hasta de los más mínimos detalles, para el bien de la Magna Obra de El Palmar.
Deseo ardientemente que las construcciones de El Palmar superen a cuantas fueron hechas en el pasado; para lo cual, pido imperativamente a los fieles que muestren su generosidad superabundante.
Da pena y tristeza el tener que pedir siempre a los fieles, cuando sería más agradable a Dios que saliera la generosidad voluntariamente de ellos mismos.
Yo, como Capitán de los Ejércitos de María, protegeré de forma singularísima, en los días de castigos y tinieblas, a aquellos fieles que sean generosos con El Palmar, según sus verdaderas y auténticas posibilidades; ya que muchos pueden y no quieren, y otros quieren y no pueden. Os bendigo.»

Día 23 de septiembre de 1974

Homenaje al Padre Pío de Pietrelcina
(Sagrado Lugar del Lentisco de El Palmar de Troya. Sobre la 1 de la madrugada, Clemente vio a la Santísima Virgen María. Después, a Nuestro Señor Jesucristo y al Padre Pío.
En este día se conmemora el SEXTO ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA: En San Giovanni Rotondo, el día 23 de septiembre de 1968, entregaba el Padre Pío su alma a Dios, sobre las 2,30 de la madrugada, pronunciando las dulcísimas palabras “Jesús y María.” El Padre Pío es figura relevante en las Apariciones de El Palmar de Troya. Sus Apariciones, a los videntes de este Sagrado Lugar, son muy frecuentes. Ha habido temporadas que el Padre Pío se ha aparecido en El Palmar todos los días, y varias veces al día. Además, su presencia en El Palmar, se ha hecho notar a muchos peregrinos a través de ciertas señales prodigiosas, entre ellas, el perfume. El Padre Pío se hizo visible, por primera vez, en El Palmar de Troya, cuando él aún vivía, al poco tiempo de comenzar estas Apariciones. Nada es de extrañar la predilección de este Santo estigmatizado por El Palmar de Troya, ya que él mismo profetizó que la Santísima Virgen María, se aparecería en un pueblecito situado entre las ciudades de Sevilla y Cádiz, en España. Mucho tenemos que agradecer los devotos de El Palmar al Padre Pío, ya que continuamente vela y guarda este Sagrado Lugar. EL PADRE PÍO NOS ENSEÑÓ, EN UNA DE SUS APARICIONES, EL REZO DEL SANTO ROSARIO PENITENCIAL DE LOS PADRENUESTROS, LLAMADO, TAMBIÉN, DEL PADRE PÍO. El Padre Pío ha hablado con mucha frecuencia a los videntes de El Palmar de Troya; y, a través de ellos, ha transmitido bendiciones, consejos, orientaciones, palabras de aliento, reprensiones, atenciones, etc., etc., a muchos de los numerosos peregrinos que visitan este Sagrado Lugar. La Excelsa Reformadora del Carmelo, Santa Teresa de Jesús, dijo a Clemente Domínguez que no olvidáramos pedir la mediación al Padre Pío; también le reveló los muchos sufrimientos del Santo Estigmatizado y la alta gloria que goza en el Cielo. Además, Santa Teresa de Jesús dijo a Clemente sobre el Padre Pío:) «Debéis orar para acelerar su canonización. Es mi deseo, compartido con la voluntad de la Virgen María que, después de su canonización, tenga un Altar Privilegiado en la futura Capilla de este Sagrado Lugar, para que en los días de tinieblas él os proteja». (La misión del Padre Pío, en estos Últimos Tiempos, es de extraordinaria importancia. 

Recordemos el Mensaje dado por el Padre Pío a Clemente Domínguez, el día 27 de abril de 1972, ante su Tumba, en San Giovanni Rotondo; el Padre Pío le dijo:) «Yo he sido designado por Nuestro Señor Jesucristo para dirigir a los Apóstoles Marianos de los Últimos Tiempos. Pido a todos los que quieran formar la cruzada del Reinado de María, me tomen como Capitán de los Ejércitos Marianos. Os aseguro que María triunfará…» (El 23 de agosto de 1972, con motivo de la peregrinación de un Sacerdote italiano y varios fieles, el Padre Pío se apareció a Clemente Domínguez y le dijo:) «Como buen guardián de este Sagrado Lugar aquí estoy a despediros. Hijitos míos: ¡Confiad en mí! YO ESTOY GUARDANDO ESTE LUGAR DE LOS ENEMIGOS. AQUÍ ESTOY EN LA PUERTA CUSTODIANDO ESTE BENDITO LUGAR. Por eso, he querido aparecerme ahora aquí». (Sea este cariñoso recuerdo hacía el Padre Pío, en el sexto aniversario de su fallecimiento, en un acto de gratitud por parte de todos los devotos de El Palmar, hacia este gigantesco Santo. Por la noche, se celebró la Santa Misa en honor del Padre Pío. En el Lentisco de El Palmar, se venera una pequeña imagen del Padre Pío, entre otras imágenes de Santos.)

Biografía de San Pío de Pietrelcina

23 de septiembre

Presbítero. Religioso. Doctor. Gran Místico. Estigmatizado. Mártir Espiritual. Apóstol del Rosario Penitencial. Eximio Protector de los Carmelitas de la Santa Faz.
Llamado en el siglo Francisco Forgione de Nunzio, nació en Pietrelcina, Benevento-Campania, Italia, el 25 de mayo de 1887, en el seno de una modesta familia de labradores, y era el cuarto de siete hermanos. Hijo de Gracio María y de María Josefa. Su familia era tan pobre que su padre tuvo que emigrar por dos veces a América. Sus primeros años transcurrieron en el silencio de su pueblo dedicado a las labores propias del campo. De salud precaria, era un cristiano ejemplar, le gustaba la calma y la soledad y acudía con regularidad a la iglesia parroquial, donde se entregaba a largos ratos de oración. A los cinco años comenzaron sus primeros fenómenos místicos, que él no comunicó a nadie hasta años después. En Pietrelcina hace sus estudios elementales. Desde pequeño comenzó a sentir deseos de consagrarse totalmente a Dios.
San Pío ingresó en los capuchinos del convento de Morcone el 6 de enero de 1903, y el 22 del mismo mes recibió el hábito religioso y el nombre de Pío. El 25 de enero de 1904, es trasladado al convento de San Elia en Pianisi, en la provincia de Campobasso, en donde comienza los estudios de filosofía, que terminará en 1906. Por entonces vuelven a aparecer en su vida otros fenómenos místicos. Sus superiores apreciaban su perseverancia, su disponibilidad y su obediencia. El 27 de enero de 1907 emitió sus votos perpetuos. Hizo sus estudios de Teología en los centros de formación de los capuchinos en Serracapriola y Montefusco. No se distinguió por su inteligencia, sino por su comportamiento, siempre humilde, dulce y obediente. Desde los primeros meses del año 1909 hasta febrero de 1916, a causa de una misteriosa enfermedad, con algunas excepciones, vivió en la casa de su familia en Pietrelcina, su ciudad natal, donde había un clima más favorable a su salud. Aquí continúa su formación en Teología y se esfuerza en llevar una vida de oración, participando en los oficios religiosos de la iglesia parroquial. Fue ordenado Sacerdote el 10 de agosto de 1910 en la catedral de Benevento, y luego celebró su Primera Misa en la iglesia de Pietrelcina, con inmensa alegría. Pero la paz le duró poco, ya que se vio tremendamente afligido por feas tentaciones y el demonio turbaba su alma de diversas maneras. El combate de San Pío contra el enemigo infernal alcanza proporciones desconocidas. El 28 de marzo de 1913, tuvo una visión de Jesucristo sufriente, todo desfigurado y en lamentable estado. Cristo y María le consuelan con frecuentes apariciones y a su vez el demonio trata de hacerle la vida imposible. En septiembre de 1910, recibe los estigmas invisibles, pero dolorosos en determinados momentos. En los años 1915-1917, durante la Primera Guerra Mundial, con prolongadas ausencias por motivos de salud, fue incorporado al ejército como soldado en Benevento, Nápoles y Foggia.
El 4 de septiembre de 1916, San Pío es enviado al convento de San Giovanni Rotondo, pequeño pueblo del monte Gárgano, en donde vivirá los cincuenta y dos años últimos de su vida. Su ingreso en este convento marca una nueva etapa en su ministerio de dirección espiritual. Al principio se le confía la formación espiritual del pequeño colegio del convento. El 20 de septiembre de 1918, recibió los estigmas visibles de la Pasión de Cristo: Apenas celebrada la Santa Misa, cuando se hallaba en el coro dando gracias, vio que el Santo Cristo del crucifijo de la capilla del convento tomó vida, y que los pies, las manos y el costado del Señor sangraban abundantemente. Ante tal visión, el santo capuchino se sintió morir, y cuando cesó la visión se dio cuenta que sus pies, manos y costado estaban traspasados y arrojaban sangre a borbotones. Con respecto a la recepción de las llagas, el mismo santo refiere: «Cuántas veces me ha dicho Jesús: ‘Tú me habrías abandonado, hijo mío, si no te hubiera crucificado. Bajo la cruz se aprende a amar, y yo no doy la cruz a todo el mundo, sino solamente a las almas que yo quiero’». Estos y otros carismas extraordinarios le dieron muy pronto una fama mundial, pero le acarrearon también un sinfín de problemas y sufrimientos. En 1919 los estigmas son examinados por varios médicos, que dictaminan que se tratan de verdaderas heridas que no han sido provocadas por una causa natural. Sin embargo, al año siguiente el sacerdote franciscano de Milán, Agustín Gemelli, médico de formación, examina las llagas y da un informe negativo al Santo Oficio, lo cual sirve de argumento para los detractores del santo capuchino. Un mes más tarde, Monseñor Sily, tras visitar a San Pío, de vuelta al Vaticano da una laudable información sobre el caso al Papa San Benedicto XV Magno, quien prestó al santo capuchino su constante apoyo.
Muchos peregrinos acuden al convento de San Giovanni Rotondo, y San Pío confiesa a hombres y mujeres todos los días durante largas horas. Aristócratas, obreros, niños y ancianos acuden a ver al santo estigmatizado, quien celebra la Santa Misa en presencia de una fervorosa multitud. La gente se amontona para asistir a su Misa, recibir un consejo espiritual, o simplemente para poder tocarle y llevarse reliquias. El 6 de febrero de 1922, es elegido el Papa San Pío XI Magno. El 11 de mayo del mismo año se dan las primeras medidas disciplinarias contra San Pío, quien recibe la orden de celebrar la Santa Misa de madrugada y en privado, y se le prohíbe bendecir a los fieles y mostrar sus manos estigmatizadas. Sin embargo, fueron enviados al Vaticano informes médicos y espirituales favorables a San Pío. En junio de 1922, el corrupto, lujurioso y simoniaco obispo de Manfredonia, Pascual Gagliardi, en presencia de cardenales y obispos de la Congregación del Consistorio, declara calumniosamente: «Yo mismo he visto al Padre Pío empolvarse y perfumarse; y descubrí, durante una visita al convento, una botella de ácido nítrico con la que ha provocado sus estigmas y una botella de agua de colonia para perfumarlos. Lo he jurado. El Padre Pío está poseído del demonio, y los monjes de San Giovanni Rotondo son una pandilla de estafadores». El 31 de mayo de 1923 el Santo Oficio da un decreto negativo sobre el santo capuchino. Y en carta posterior se planea la posibilidad de trasladarle. San Pío afronta su futuro con serenidad, diciendo: «Que hagan conmigo lo que quieran. Basta con que no me prohíban celebrar la Misa y recibir a Jesús en mi corazón». A partir del 25 de junio de 1923, varios miles de personas, presididas por el alcalde de San Giovanni Rotondo, se manifiestan ante las puertas del convento para obtener la suspensión de las sanciones disciplinarias. Al día siguiente, San Pío dice Misa en la iglesia conventual en presencia de sus fieles. En julio del mismo año el general de los capuchinos recibe la orden del Santo Oficio de trasladar a San Pío al convento de Ancona. En San Giovanni Rotondo la tensión es extrema, ya que todos reclaman la presencia del santo capuchino en el convento en donde está. El traslado no se llega a consumar. El 24 de junio de 1924, el Santo Oficio pide a los fieles que no mantengan ningún tipo de correspondencia con San Pío, por lo que su aislamiento es ahora total. El 11 de julio de 1926 el Santo Oficio pide a los fieles que se abstengan de visitarle. En mayo de 1931, un Decreto del Santo Oficio priva de todas las facultades del ministerio sacerdotal al santo capuchino, excepto celebrar la Santa Misa en privado y no en la iglesia pública.
El 13 de marzo de 1933, el Papa San Pío XI Magno manda a una comisión para que visite a San Pío, y el informe favorable que envían al Papa permite que la situación cambie, con gran entusiasmo del pueblo. El 14 de julio de 1933, por un Decreto del Santo Oficio, se le autoriza a celebrar la Santa Misa en público y a confesar. Por tanto, San Pío goza de una libertad relativa, y retorna a su actividad como director de conciencias. Sus hijos espirituales aumentan sin cesar y su confesionario nunca está vacío, ya que miles de peregrinos acuden al convento diariamente. El 2 de marzo de 1939 es elegido el Papa San Pío XII Magno.
La Segunda Guerra Mundial trae desgracias y sufrimientos a San Giovanni Rotondo, y hasta el final de la misma el convento de los capuchinos acoge a soldados de los ejércitos en guerra, y todos reciben la misma atención del santo capuchino. En 1940 San Pío concibe el proyecto de fundar una casa para los enfermos, y lo confía a tres médicos, que ponen en pie un comité para llevar a cabo la obra. A partir de 1941, el comité recibe considerables sumas de dinero. El 19 de mayo de 1947 comienza la construcción de la Casa Sollievo della Sofferenza (Casa para el alivio del sufrimiento), y en diciembre de 1949 finaliza la gran obra. Algunos generosos donantes continúan dando algunas importantes sumas de dinero. La fama de San Pío llega a su apogeo en esta época, ya que se ve protegido por el Santo Oficio, alabado por la prensa y admirado por las multitudes. Sin embargo surgen envidias en un momento en que no se esperaban, y el 16 de enero de 1952, el Santo Oficio manda una carta al superior general de los capuchinos señalando numerosas infracciones contra la ley de la Iglesia dentro del convento capuchino. Meses después, se incluyen en el Índice ocho biografías de San Pío.
El 5 de mayo de 1956, tiene lugar la inauguración de la Casa Sollievo della Sofferenza, que fue presidida por el Cardenal Jacobo Lercaro, Arzobispo de Bolonia. Muchos miles de personas, entre ellas periodistas, políticos y médicos, asisten a la ceremonia. El Papa San Pío XII Magno, mediante un telegrama, envía a San Pío, a los dirigentes y a los asistentes, su felicitación por la gran obra y su paternal bendición apostólica. San Pío celebra la Santa Misa delante del hospital.
Pero a partir de 1957, dan comienzo nuevas persecuciones contra San Pío de Pietrelcina. Ahora sus enemigos le acusan de manejar mucho dinero, ya que recibe cuantiosas limosnas de los fieles para hacer frente a su obra. El 9 de octubre de 1958 muere el Papa San Pío XII, uno de los grandes defensores del santo capuchino. El honesto y competente administrador de la Casa Sollievo, Ángel Battisti, envía cada año el estado de cuentas a la Santa Sede. Obispos y religiosos tratan de apoderarse de los donativos que San Pío recibe para su obra. Sería largo relatar las cuestiones relacionadas con el dinero. Algunos obispos italianos se declaran en contra del santo capuchino. Uno de ellos es el perverso y codicioso Bortignon, obispo de Padua, que el 2 de julio de 1959 presenta al Papa San Juan XXIII un informe negativo. En 1960, la agitación vuelve de nuevo al convento de San Giovanni Rotondo. Un prelado del Santo Oficio es enviado al convento y envía un informe favorable de San Pío en el que se garantiza la sana gestión de la Casa Sollievo. Pero los enemigos, para derribar a San Pío de Pietrelcina, llevan a cabo la estratagema infernal de colocar tres micrófonos con el fin de sorprenderle en todo lo que hable: Uno en su celda, otro en el locutorio y otro en su confesionario. Todo fue planeado por algunos cardenales, obispos, el Superior General de la Orden y otros superiores inmediatos. Las escuchas comenzaron el 9 de mayo de 1960 y todo fue grabado en cintas magnetofónicas. El perverso obispo Bortignon presentó ante el tribunal del Santo Oficio un largo informe acusatorio, en el que San Pío es acusado de «cisma carismático». El 16 de octubre un periódico italiano describe a San Pío como el «capuchino más rico del mundo». El 5 de noviembre también del año 1960, se toman nuevas medidas restrictivas contra el santo capuchino que limitan su contacto con los fieles, y se coloca una puerta de barrotes de hierro a la entrada de la iglesia en la que él celebra la Santa Misa. El santo capuchino es obligado a vivir como un recluso, forzosamente aislado, a excepción de las confesiones, aunque muy controladas. También se le limita el tiempo de la celebración de la Santa Misa. San Pío sólo encuentra consuelo en la oración y en la meditación, y vive únicamente con los ojos fijos en Cristo crucificado. Le es comunicado que la Santa Sede quiere convertirse en propietaria de la Casa hospital de San Giovanni Rotondo, y San Pío acepta y dona sus bienes mediante un acto jurídico. El santo capuchino sólo encuentra su apoyo en sus muchos hijos e hijas espirituales, siempre dispuestos a aliviar sus sufrimientos. El 19 de junio de 1963 es elegido el Papa San Pablo VI. A partir de entonces la situación cambia, y el 30 de enero de 1964, el santo Cardenal Ottaviani informa al provincial capuchino que San Pablo VI pretende devolver su total libertad a San Pío. Éste, ya con poca resistencia física, tiene que ser sostenido en el Altar cuando celebra la Santa Misa.
El 22 de septiembre de 1968, los capuchinos celebran solemnemente el quincuagésimo aniversario de la estigmatización de San Pío, y miles de peregrinos acuden al convento de San Giovanni Rotondo. El santo capuchino, prácticamente moribundo, celebra la Santa Misa en presencia de ellos, y al final de la misma se derrumba de repente en presencia de todos. Al día siguiente, 23 de septiembre de 1968, tras recibir los Últimos Sacramentos, San Pío muere santamente en su celda del convento de San Giovanni Rotondo pronunciando los nombres de Jesús y María, y le desaparecen en su cuerpo las señales visibles de los estigmas.
El Papa San Gregorio XVII Magnísimo, de Glória Olívæ, en su Décimo Documento Pontificio, de fecha 12 de septiembre de 1978, Beatificó y Canonizó Solemnemente a San Pío de Pietrelcina.
El Sumo Pontífice Palmariano hizo constar en el citado Documento, entre otras, las siguientes declaraciones: «Nos, como Doctor Universal de la Iglesia, por medio del presente Documento Pontificio damos, a continuación, algunos pormenores sobre la vida y obra del Sacerdote capuchino italiano, Padre Pío de Pietrelcina. Nos, exponemos algunos motivos principales que nos mueve a esta santa causa, a saber: La verdadera y única Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo sobre la firme roca de Pedro, llamada, con verdad, Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, radica en la Santa Sede Apostólica del Palmar de Troya, lugar muy vinculado al venerable Padre Pío.
Nos, como Padre Común de toda la Iglesia, y asistido por el Espíritu Santo, creemos, confesamos y reconocemos las virtudes heroicas del insigne Sacerdote capuchino que hoy presentamos como modelo para los fieles. Nos, conocemos la vida heroica, bella y hermosa, adornada con la aureola de la santidad, de este excelso capuchino. Nos, declaramos que, el Padre Pío, vivió más de cincuenta años de intenso y profundo martirio. El Padre Pío recibió los estigmas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, haciéndole partícipe de una gran intimidad y profundidad de la Sacrosanta Pasión de Cristo. Nos, declaramos que, el Padre Pío, llevó una vida entregada a Dios y al servicio de las almas. Llevó una vida espiritual ejemplar. Se entregó de lleno a la oración y a la penitencia, y practicó siempre la verdadera caridad. Nos, declaramos que, el Padre Pío, sufrió continuas persecuciones, incomprensiones, dolores intensísimos en su espíritu y en su carne. Resistió con admirable abnegación todos los sufrimientos por amor a Dios y a su Iglesia. Nos, declaramos que la vida del Padre Pío fue de auténtico mártir. Nos, sabemos que, el Santo Oficio, le condenó cinco veces, y siempre injustamente, con lo cual aumentaba su gran martirio. Igualmente, sufrió terriblemente cuando un grupo de clérigos, compuesto por cardenales, obispos, el padre general de la Orden y superiores inmediatos, cometieron el sacrilegio de ultrajar el sagrado sigilo de la confesión, a través de la instalación de micrófonos secretamente colocados en el confesionario. No cabe duda que esta acción fue satánica, para intentar derribar al Padre Pío. Lamentablemente, Nuestro Venerado Predecesor, el Papa Juan XXIII, asesorado por ese maldito grupo, se constituyó, también, en perseguidor del Padre Pío. Fue un caso inaudito en la Historia de la Iglesia. A pesar de todo lo referido, el Padre Pío se mantuvo firme, y lo ofreció todo unido a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y a los Dolores de la Santísima Virgen María.
Nos, manifestamos que, el Padre Pío, pasó su vida haciendo el bien, a imitación del Divino Maestro. Nos, manifestamos, también, a título de información que, el Padre Pío, fue favorecido por Dios con innumerables carismas, visiones, estigmas, levitaciones, y otros misterios místicos. El Padre Pío dejó por todo el orbe una gran constelación de innumerables hijos espirituales. Los hijos espirituales del Padre Pío siempre encontraron en él un modelo de vida ejemplar cristiana. Nos, recordamos a todos los fieles que Nuestro Venerado Predecesor, el Papa Pablo VI, rehabilitó la memoria imborrable y espiritual de la vida ejemplar del Padre Pío.
Nos, declaramos que, esta vida ejemplar del Padre Pío, se vio coronada a través de innumerables milagros obrados por su intercesión, incluso cuando aún vivía».
San Pío de Pietrelcina, fue figura relevante en las Apariciones de El Palmar de Troya-Sevilla, España. Sus apariciones a los videntes de este Sagrado Lugar eran muy frecuentes. Hubo temporadas que el Padre Pío se apareció en El Palmar todos los días, y varias veces al día. Además, su presencia en El Palmar, se hacía notar a muchos peregrinos a través de ciertas señales prodigiosas, entre ellas, el perfume. El Padre Pío se hizo visible, por primera vez, en El Palmar de Troya, cuando aún vivía, al poco tiempo de comenzar estas Apariciones. Nada es de extrañar la predilección de este Santo estigmatizado por El Palmar de Troya, ya que él mismo profetizó que la Santísima Virgen se aparecería en un pueblecito situado entre las ciudades de Sevilla y Cádiz, en España. El Padre Pío enseñó, en una de sus apariciones en El Palmar de Troya, el rezo del Santo Rosario Penitencial. El Padre Pío habló a los videntes de El Palmar de Troya y, a través de ellos, transmitió bendiciones, consejos, orientaciones, palabras de aliento, reprensiones, atenciones, etc., a muchos de los peregrinos que visitaban este Sagrado Lugar.
Beatificado y Canonizado por el Papa San Gregorio XVII Magnísimo el día 12 de septiembre de 1978. Declarado Doctor de la Iglesia por el mismo Papa el día 6 de noviembre de 1989.