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Mensajes de Santa Teresita del Niño Jesús a Clemente Domínguez y Gómez,
hoy el Papa San Gregorio XVII, Magnísimo

Día 12 de diciembre de 1969
Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz
(Dijo a Clemente Domínguez:) «Hijos míos, cuando beséis el Divino Rostro de Jesús diréis: “Adorable Faz de Nuestro Señor Jesucristo, vilmente ultrajada por mis pecados, concédeme la fuerza necesaria para defenderte con la vida».

Día 4 de enero de 1970
(Sagrado Lugar del Lentisco de El Palmar de Troya. Apariciones y Mensajes a Clemente Domínguez:)
Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz
«Todo el que lleve el sobrenombre de la Santa Faz muere en la Santidad por la gracia de Jesucristo y la mediación de María, vuestra Madre».
El Padre Pío de Pietrelcina
«Hijo mío: Imita a los grandes adoradores de la Santa Faz, y sobre todo, a Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, la que más amó a la Santa Faz. Por eso ocupa un lugar preeminente junto a Jesús.»

Biografía de Santa Teresita
del Niño Jesús y de la Santa Faz

30 de septiembre

Modelo de Santidad sin fenómenos místicos. Religiosa. Doctora. Alma Víctima. Apóstola de la Santa Faz e Impulsora del Espíritu Misionero.
Nació en Alençon-Orne, Francia, el 2 de enero de 1873. Sus padres eran San Luis José Martin y Santa Celia Guerin, ambos canonizados por el Papa San Gregorio XVII Magnísimo. Fue la última de nueve hijos, de los cuales cuatro murieron de pequeños. Los primeros años de su vida estuvieron marcados por la felicidad de un cálido ambiente familiar, que la procuran sus padres y las cuatro hermanas mayores: Paulina, María, Leonia y Celina. El 28 de agosto de 1877 murió su madre, y la pequeña se unió con más fuerza a su hermana Paulina, eligiéndola como madre. Entonces, toda la familia se trasladó a vivir a Lisieux, en donde el 2 de octubre de 1882 su hermana Paulina entró en el Carmelo Descalzo.
Santa Teresa, desde los tres años de edad, se propuso no rehusar nada a Dios, y se preocupó por conocer y cumplir su divina voluntad. Todas las tardes salía Santa Teresa con su padre a dar un paseo y visitar al Santísimo Sacramento en una iglesia diferente. Cuando estaban un día en la capilla del convento del Carmelo Descalzo de Lisieux, la dijo su padre: «¿Ves, reina mía? Detrás de esa gran reja hay santas religiosas que alaban siempre a Dios». Desde entonces se sintió fuertemente movida a consagrarse a Dios en el Carmelo. Sin embargo, todos la decían siempre lo mismo: «Eres demasiado joven».
En 1887, cuando tenía catorce años, comunicó a su padre su decisión de ser carmelita, y él la apoyó en tan santo deseo. Ese mismo año, Santa Teresa hizo una peregrinación a Roma acompañada de su padre y otros familiares, con motivo de la celebración del jubileo de la Ordenación Sacerdotal del Papa San León XIII Magno. Durante la audiencia general, cuando Santa Teresa estaba arrodillada a los pies del Sumo Pontífice, se atrevió a decirle: «Santísimo Padre, en honor de su jubileo, permítame entrar en el Carmelo a los quince años». El vicario general de Lisieux, y guía de los peregrinos a Roma en aquella ocasión, dijo al Papa: «Es una niña que quiere entrar en el Carmelo». Entonces el Sumo Pontífice, inclinando su cabeza hasta casi tocar el rostro de la niña, la dijo: «Vamos, vamos, entrarás si lo quiere el buen Dios». Santa Teresa quiso insistir, hasta que dos guardias la cogieron de los brazos y la retiraron con suavidad. Tras bendecirla, el Santo Padre la siguió con la vista largo rato.
Vuelta a Lisieux, el permiso la fue concedido pronto a pesar de su poca edad, y el 9 de abril de 1888, Santa Teresa entró en el Carmelo. Ella misma dice: «Todo me pareció admirable en el convento. Entré allí para salvar almas y, sobre todo para rogar por los Sacerdotes». El 10 de enero de 1889 la santa recibió el hábito carmelitano. Al acabar el noviciado hizo la profesión el 8 de septiembre de 1890. La vida de Santa Teresa en el Carmelo estuvo marcada por una gran fidelidad a las Santas Reglas. Supo amar mucho e hizo lo ordinario con perfección extraordinaria. Las grandes pruebas interiores y los sufrimientos de la vida diaria forjaron su santidad. Desempeñó con paciencia y diligencia todos los oficios que se la encargaron en la comunidad. En 1893 Santa Teresa, que poseía una personalidad adulta, fue encargada de las novicias. En el año 1894 murió su padre asistido por su hija Celina, quien después entraría también en el Carmelo Descalzo de Lisieux. En 1895 Santa Teresa comienza a redactar los primeros recuerdos de su vida por mandato de la Madre Inés de Jesús, que era el nombre en religión de su hermana Paulina.
El Viernes Santo de 1896, Santa Teresa se acostó muy fatigada. Al poco sufrió su primer derrame de sangre por la boca. Por mortificación no encendió la lámpara; pero al día siguiente comprobó que el pañuelo estaba lleno de sangre. A pesar de su tuberculosis pulmonar, continuó con sus trabajos. Uno de los mayores padecimientos de la santa fue el frío. En las noches de invierno, en la cama tenía una sola manta para cubrirse, y las pasaba tiritando, hasta el punto de sentirse morir. Mientras tanto, sufría también en silencio el deterioro cada vez más avanzado de su cuerpo a causa de su enfermedad. El 8 de julio de 1897 tuvo que ser trasladada a la enfermería, y al llegar el otoño sintió que su vida se apagaba. La enfermera la encontraba siempre con las manos juntas y los ojos elevados al Cielo, y un día la preguntó: «¿Qué hace así?»; y la santa respondió: «Hablar con Jesús». La enfermera insistió: «¿Y que le dice?» Y ella contestó: «Yo no le digo nada, yo le amo». Poco antes de morir prometió que desde el Cielo se dedicaría a hacer bien a los de la tierra, y anunció una lluvia de rosas para después de su muerte. Las rosas fueron las muchas conversiones y curaciones milagrosas gracias a su intercesión. Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz murió en el Carmelo Descalzo de Lisieux, Francia, el 30 de septiembre de 1897, exclamando: «¡Oh, le amo, Dios mío, os amo!»
Santa Teresa del Niño Jesús fue modelo sublime de santa obediencia y de exacto cumplimiento de los deberes cotidianos de acuerdo con las Santas Reglas de la Orden religiosa. Sufrió callada, vivió sin quejarse, obedeció a las superioras hasta en cosas que podían parecer tontas, pero las hacía porque veía la voz de Cristo en lo que se la mandaba. Ofreció a Dios sus enfermedades por la conversión de los pecadores. Deseaba ardorosamente vivir mil años para servir más a Dios y a las almas. Ella sabía que su caminar en este valle de lágrimas radicaba en cumplir la voluntad de Dios. Padeció una terrible noche obscura, que ella soportó en el mayor de los silencios, privada de todo consuelo. Aspiró a la santidad y buscó la forma de ganarse el Cielo por el camino de la infancia espiritual, que es el camino del amor, de la confianza, del abandono y de la esperanza. Santa Teresa sintió en lo más profundo de su alma la vocación misionera, la cual llevó a cabo, con extraordinaria efectividad, dentro del Carmelo, por el camino del amor, de la oración y del sacrificio. Fue muy devota de la Santa Faz de Jesús, en la que se recreaba y a la que reparaba con sus oraciones y sacrificios.
Beatificada por el Papa San Pío XI Magno el día 29 de abril de 1923. Canonizada por el mismo Papa el día 17 de mayo de 1925. Declarada Doctora de la Iglesia por el Papa San Gregorio XVII Magnísimo el día 7 de octubre de 1978.